domingo, 11 de mayo de 2008

poderoso cerebro

A propósito del conversar para "ponernos al día" con una amiga a la que no veía hace tiempo y que anda de paso, me quedé pensando en los mecanismos tan diversos que tenemos para salir de una relación, del dolor que la separación y el desamor traen y de ese quedarse algo así como "en la mitad de la nada".
Recordabamos ayer que hace varios años y cuando yo le contaba el momento puntual en que volví en mi, reaccioné y pude seguir despúes de la separación definitiva del que fue mi marido por quince años, ella me dijo que lo que a mi me tomó tres días a ella le tomó diez años.

Supongo que tiene que ver con los ritmos de cada persona, con el desgaste de la relación, con lo doloroso que pudo haber sido el estar con alguien que hace que al momento de la separación se sienta una especie de alivio, no lo sé. Sólo sé, o más bien supongo, que el síndrome de abstinencia no le sobreviene a todo el mundo o el admitir que hay que aprender a estar a solas con uno mismo, entablando diálogos con ese otro yo que tenemos o simplemente asumir que es definitivo, que desde ese momento se va a caminar por la vida de un modo diferente, con una actitud distinta y que hay que saber cuidarse y hacerlo bien porque nadie lo va a hacer por uno.

En aquella ocasión volví en mí contando un suicido. Así de simple. Nos habíamos separado dejando en claro que era difinitivo unos cinco o seis meses antes y sin embargo nos seguimos viendo como pareja una vez a la semana todas las semanas de ese período. La última vez me pasó esa cosa rara que me pasa muchas veces (y que le debe pasar a casi todo el mundo) a mitad de la noche desperté soñando con la imagen de el y una mujer muy específica, sin saber quien era, pero a la que aun ahora puedo describir con la misma precisión de detalles. Sentí mucha angustia y la sensación de que a el le pasaba algo. Solía ser impulsiva (ahora pienso más), me vestí rápidamente sin importar que era más de la media noche y salí rumbo a su casa que estaba muy cerca. No terminé de tocar el timbre del portón cuando el lo abrió, estaba justo del otro lado cerrando el auto y junto a él estaba la misma mujer a la que yo había visto de espaldas, de pelo ensortijado y rojizo. El nos presentó diciendo únicamente su nombre y el mío, le pregunté si pasaba algo y ante su negativa regresé al instante a mi casa.

Al otro día desperté y ya sabía quien era ella. Recordé que tres meses antes en una reunión de amigos conocí a alguien que estaba muy complicado con su separación; el me contó muchos detalles de ella y dijo su nombre por una sola vez. Llamé a la que lo había invitado aquella noche y me confirmó que ella era como yo la había soñado y como la que había visto. Ese mismo día tenía que ir a buscar unos diskettes de instalación de un programa (claro, eran épocas de diskettes) a la oficina de un amigo que a su vez me dejó un recado en la oficina diciendo que iba a salir y que el programa lo dejaba con tal persona. Fui a recogerlos y la que me los entregó era la misma de la historia.

Al volver a la oficina me sentía mal, tenía fiebre, escalofrío y sentía que las piernas ya no me sostenían. Me enviaron a la casa, me acosté, metí la cabeza bajo la sábana y lloré como sólo se llora cuando duele el alma, después de eso me debo haber quedado dormida.

Cuando desperté eran las tres y media de la tarde, yo me había acostado a las dos; me levanté, tomé un papel y un lápiz y fui directo al comedor. Al pasar junto a la cocina salió la nana alarmada, me abrazó y me dijo que no podía estar levantada así sin abrigarme y comer, me obligó a sentarme y me trajo un plato con consomé. Ella sólo quería sabe por qué yo había dormido dos días y por qué no me despertaba.

Mis hijas me habían hablado, me habían mimado y yo apenas si les había respondido. La nana había llamado a mi cuñada al siguiente día que me quedé dormida y cuando ella vino me habló, me movió y yo ni siquiera abrí los ojos. La nana esos dos días se encargó de darles comida y dejarlas acostadas a mis niñas por la noche y a mi me daba consomé a cucharaditas que yo apenas tragaba. También llegó muy temprano para alistarlas para el colegio las dos mañanas. De todo eso no me enteré, tenía sólo la ligera sensación de cuando en algún momento ella me daba cucharadas de caldo, nada más.

Cuando terminé de comer algo me puse a escribir como muchas veces lo hago, sin saber sobre que y van saliendo las palabras, las frases, las ideas hasta que termino. La última frase de lo escrito daba a conocer que el protagonista de ese cuento había muerto, se había suicidado. Lo leí para revisar la ortografía y la redacción y lo guardé.

Me acuerdo bien que desde esa tarde de ese día estaba con mucha energía y tenía una sensación como que era muy normal estar separada. Que era normal que el estuviera con otra persona y que ya no importaba. Finalmente me había liberado de todo, de los quince años y estaba entera, sana y con fuerzas para seguir en la marcha y cuidad de mis niñas. Sólo mucho tiempo después pensé en lo que me había pasado y en ese largo, profundo y sanador sueño en que caí aquella vez.

Supongo que esa frase de mi madre de que la naturaleza es sabia se aplicó en mí y me pasó eso; a veces pienso que talvez lo que hizo mi cerebro fue desatar un potente mecanismo de defensa y de sanación con el sueño, liberando sustancias que me doparon para no pensar ni sentir y que le permitieron a mi cuerpo descansar, a mi cerebro desconectarse para sanar internamente lo que me impedía seguir parada y firme.

El cuento del marinero todavía lo tengo, cada tantos años lo leo.



Originally uploaded by dibufoto

5 comentarios:

Waiting for Godot dijo...

Es muy duro, una separación es dura, pero creo que uno debe ser fuerte y seguir, no podemos quedarnos en la onda por mucho tiempo, cuando conozco a alguien a quien le lleva mucho tiempo superar una separación, me siento triste, porque sé como dices que cada quien tiene su ritmo y no todos lo superan fácilmente, has sido muy fuerte. Besos mil.

irene dijo...

Cuánto dolor puede producir una ruptura, un desengaño, una desilusión. Por suerte, la mente tiene mecanismos de defensa insospechados.
Tengo una amiga que está sufriendo una separación, después de 22 años, y lo peor es que no sabe por qué, no hay otra persona, él sólo dice que no puede más, que la quiere pero no suficiente para continuar. No sé qué será peor. Espero que encuentre sus mecanismos para seguir adelante. Siempre sale el sol.
un abrazo.

francisca dijo...

así cierto, Waiting for Godot, es doloroso, pero es más cierto que hay que seguir y como dice Irene, la mente tiene mecanismos de defensa potentes que nos ayudan en ese proceso de levantarse o de aprender a vivir superando el fracaso o el desamor.

Pienso que es más perjudicial para el organismmo y para la mente arrastrar penas que buscar la manera de salir de ellas, muchas veces recurriendo a una terapia.

Y sé que se puede, sin duda, se puede!!

francisca dijo...

siempre hay un porque pero muchas veces ese por qué es dificil de entender; lo he conversado con amigos, con personas que han dejado relaciones "sin explicacion" y de verdad, muchas veces ni ellos mismos saben la razón, sólo que necesitan libertad. No juzgo, no creo que sea malo ni bueno, es simplemente; creo que los procesos de ellos y los de nosotras son diferentes y talvez nosotras podemos llevar mejor las relaciones...no sé.

Te recomiendo que leas el comentario que me hizo un amigo en un post que escribí en diciembre "expulsados del vientre", creo que es muy válido y valioso lo que dice.

francisca dijo...

http://apuntesyborradores.blogspot.com/2007/12/expulsados-del-vientre.html