y no hablaré del mar ahora, sólo porque la costa tiene muchos paisajes.
Y está el interior de Manabí, allá donde los ceibos conversan entre ellos, se miran, se acompañan, se saludan con sus brazos-ramas y se mandan besos con los pájaros y mantienen sus propios espacios.
Y también en esos paisajes hay otros habitantes.
Entre ellos están los gallinazos, pájaros oscuros, que quien sabe, a lo mejor al igual que las plumas tienen el corazón negro.
Ellos sólo buscan animales muertos, se alimentan de carroña y sobrevuelan a los árboles y a los ceibos, los miran a lo lejos y seguramente sienten celos porque embellecen el paisaje con su desparramo de ramas, de paz y de manifiesto cariño-de-ceibos.
¿Serán los gallinazos aves que se resintieron porque no se quedó en ellos lo más bello, y que por más que le ronda la vida que es alegre, no pueden impregnarse de ella porque no podrán ser lo que ya no fueron?


Aunque no la conozco lo suficiente de mis vueltas por estos lares de la red la tengo simpatía. De mis vueltas por la vida reconozco la altura moral y la elegancia para responder de esta manera el anónimo que le pusieron en la entrada anterior. Toda una lección: responder las malasleches con la palabra exquisita, las puñaladas traperas con metáforas.
ResponderEliminarMe quito el sombrero y beso su mano ecuatoriana
Gracias, Atanasio. Lamentablemente no he podido entrar a su blog para saludarle en su espacio.
ResponderEliminarPoesía, mucha poesía. Besos.
ResponderEliminarQue agobio con cualquiera que te este molestando...no le des mente como dice mi hija chica. Sigue escribiendo y no se te ocurra abandonarnos con tus cielos crespos y lunas grandes.
ResponderEliminarG. Andrade (usando el anonimo solo porque no tengo web ni nada de eso)
gracias, G.
ResponderEliminar