jueves, 31 de julio de 2008

1998/2008: columna de carlos arcos

1998/2008

Por Carlos Arcos Cabrera

¡Cultivamos la desmemoria! Y la cultivamos porque ante el pasado asumimos dos posturas: idealizarlo o ignorarlo. En estos días en que se inicia el debate político en torno al referendo, la Constitución de 1998 es vista como el punto culminante de la evolución constitucional. Simultáneamente se ignoran las dificultades que debió sobrellevar y sus grandes errores.

Si se hace memoria de la Constitución de 1998, se encuentran acontecimientos sorprendentes; uno de esos fue la inclusión a última hora y entre gallos y medianoche de diversas disposiciones como la transitoria 42, que abrió la puerta a la mayor transferencia de recursos públicos al sector financiero para una operación de "salvataje" bancario. El costo para el país fue gigantesco, brutal, demoledor. Otra perla del proceso constitucional de 1998 fue la eliminación del Conade, una institución que desde inicios de los sesenta aportó con ideas y proyectos nuestra identidad y conocimiento del país fue desmantelada. Fue una decisión sin beneficio de inventario y que obedeció a la estrategia dominante en aquel momento para reducir la capacidad del Estado en términos de la capacidad de planificación, asignación de recursos y regulación. Lo paradójico, como se lo ha dicho en más de una oportunidad, es que mientras se desmontaba la capacidad de planificación del sector público se fortalecían, bajo la planificación estratégica, las capacidades del sector privado. Para sellar cualquier opción para reestablecer la memoria de planificación del Ecuador, en un acto de barbarie intelectual, se desmanteló la biblioteca del Conade, y se dispersó y destruyó todo su acervo documental.

La desmemoria es la primera estrategia para arrojar anticipadamente tierra al debate de la nueva Constitución, oscurecer sus avances y dejar de lado una mirada objetiva sobre sus límites y problemas. La de 1998, a pesar de sus avances, no pudo romper con la influencia de los padres de la componenda y de los grupos de presión (la transitoria 42 es un ejemplo).

Creo que el amplio proceso de debate y participación en Montecristi (con las complejidades y problemas que conlleva) deja lecciones importantes sobre la heterogeneidad del país, la pluralidad de sus expectativas, visiones e intereses. Es un país que está más allá de las fórmulas simplificadoras de las formas de representación y organización política. En términos de la transparencia del proceso creo que no hay punto de comparación entre la experiencia de 1998 y la de 2008.

¿Contamos con actas de los debates de la Asamblea de 1998?

La Constitución 2008, con sus virtudes y defectos, es el resultado del amplio diálogo de Montecristi y constituye un avance significativo en materia de derechos por los cuales lucharon diversos grupos sociales desde los años ochenta. No me extraña, en consecuencia, la temprana ruptura de lanzas de la cúpula ultraconservadora de la Iglesia ecuatoriana.
Tomado de HOY

1 comentario:

Renattus ® dijo...

Mi primo pues, mi "primo", jaja.