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lunes, 13 de julio de 2009

jorge enrique adoum : "desencuentros con julio"


foto: Andrea Pecchioli

es como si lo hubiera visto morirse quince meses atrás o sea el 6 de noviembre
de 1982 cuando enterrábamos a carol
hacía un frío triste y gris y allí estábamos los amigos
desfilando sobre un suelo movedizo y húmedo de hojas sucias de otoño como
si hubiera servido para otros entierros u otros otoños
y tras haber echado cada uno una flor -rosas amarillas había pedido su madre
por teléfono- sobre la caja angosta y pequeñita
nosotros que habíamos enterrado en nuestra vida a tantos muertos y dádole el
pésame a tantos deudos
nos encontrábamos en el cementerio de montparnasse con un único deudo
solo alto duro flaco
de pie con una gabardina azul bajo el arco de unos árboles casi decorado de
teatro

como en él todo era grande (sobre todo el corazón) me hizo sentirme más
pequeño con su inmenso abrazo y su recomendación de que me cuidara
pero en ese instante como si yo no hubiera sido yo sino uno de sus personajes
de esos con supersticiones y premoniciones causales y casuales
decía me decía ¿y a quién vamos a darle el pésame cuando él se muera si no
a nosotros mismos?
como si él y no alguno de nosotros los otros hubiera de morirse primero
después los que quedamos nos juntamos los pedazos prometiéndonos vernos
con mayor frecuencia no dejar que las calles y distancias de parís nos
separaran estar más juntos que antes como para que nadie llegara a faltarnos
y es precisamente él quien nos falta ahora y estamos todos dándonos el
pésame abrazándonos más estrechamente que nunca recibiendo condolencias
por teléfono o por correo

sintiéndolo de pronto al lado cuando entramos en un bistrot o tomamos el metro
o escuchamos jazz o nos ponemos un pullover
y habiendo olvidado en esa oportunidad sus antiguas instrucciones para llorar
traté a escondidas en difícil homenaje a su memoria de subir de espaldas la
escalera
y he de incurrir en el ya lugar común de decir de ciertas situaciones o de ciertos
desencuentros sucesivos que parecen un cuento de cortázar
pero la culpa es suya por habernos demostrado que uno puede pasar de su
mundo cotidiano y rutinario a un universo paradójico con solo tomar un tren o
abrir una puerta

en septiembre de 1982 la universidad internacional menéndez y pelayo de
españa acordó culminar un seminario celebrado en sitges rindiendo homenaje
a la obra de cortázar y entregándole una medalla
julio no pudo asistir atado como estaba a la cama de hospital de su mujer (y sin
embargo en esos días escribió dos cuentos de horror sobre el fascismo
argentino)
y por generosidad de los participantes se decidió que yo recibiera la medalla en
su nombre
pero en lugar de entregármela en su estuche el rector me la "impuso" o sea
que simplemente me la puso
o sea que me la quité en seguida porque estaba destinada a otro pecho
y agradecí no en nombre de cortázar sino en el de quienes éramos sus amigos
y hermanos
ese reconocimiento a la obra del gigante "pastor de palabras" pero también a la
del hombre que con sus largos brazos de boxeador frustrado golpeaba en cada
round la mandíbula de los dictadores
al que le había quitado todas las cáscaras a la realidad hasta encontrar en ella
las semillas de lo imaginario
al doble compañero en quien la literatura y la revolución se daban la mano
comprensivas
a su ejemplar capacidad latinoamericana de ubicuidad porque estaba en lo
esencial de chile y de argentina en cuba y nicaragua en el salvador y
guatemala
tratando en todas las tribunas posibles y desde todos los tribunales de
explicarles a los europeos cómo son las cosas contra las que se debaten o por
las que combaten nuestros pueblos
yo declaré en aquel acto cordial y solemne que entregaría a julio la medalla por
lo menos en unión de los participantes en el seminario radicados en parís -saúl
yurkievich osvaldo soriano y miguel rojas mix
desde
la casa de eduardo galeano lo llamamos por teléfono para enterarnos
del estado de salud de carol y yo le hice el resumen de la solidaridad de
profesores y alumnos de amigos y desconocidos en ese momento tenso que
estaban pasando esas dos vidas
y le prometí esa fraternal miniatura del acto de sitges para cuando carol saliera
del hospital
pero carol salió del hospital al cementerio y me pareció que celebrar la reunión
sin ella habría sido algo como faltar a mi palabra o algo como olvidarla
demasiado pronto
por lo demás julio se puso sanamente a viajar en seguida
fue al sur de francia y volvió a cuba (que le había cambiado casi veinticinco
años atrás las líneas de la mano) y a nicaragua (donde "han empujado la
palabra cultura a la calle como si fuera un carrito de helados o de frutas")
cuando estuvo de regreso yo entraba unavezmente más al hospital por nuevos
incidentes corazonales
y estuve un mes fuera de parís por razones de convalecencia
a mi regreso saúl estaba ausente y soriano había ido a hacer una
"prospección" en argentina donde su último libro disputaba con uno de julio el
primer lugar en la lista de best-sellers
cuando en junio apareció Deshoras y lo encontré en una lectura de poemas
que hizo claribel alegría conmigo me pareció llegada la oportunidad que
buscaba y le propuse celebrarlo con la reunión nueve meses postergada y
entregarle la medalla
pero él se marchaba al día siguiente a italia y a no sé qué otros países más
luego vinieron las vacaciones de verano en las que todos se ausentaron
excepto yo que me fui a ecuador en septiembre y octubre
a mi vuelta la medalla guardada en un cajón del escritorio me seguía
quemando las manos
y decidí dársela aun cuando fuera sin pretexto literario ni fiesta casera ni
invitados íntimos
pero él podía por fin volver a su argentina en donde tanto tiempo le estuvo
prohibido entrar y a veces ser leído
e iba a hacer un nuevo viaje a cuba y nicaragua pasando por parís pero esta
vez su médico no se lo permitió
"por el peligro de la enfermedades tropicales" según julio que seguía
engañándo(se)nos
en diciembre lo encontré en casa de daniel viglietti y por vez primera lo vi
malhumorado harto de venir arrastrando tres años de alergias y seis meses de
leucemia y otros trastornos
cuando al abrazarle le pregunté cómo estaba me dijo "Mal como de costumbre"
cuando al despedirme le dije que se cuidara me respondió secamente "I will do
my best"
desde entonces durante dos meses fue huésped semanal de los hospitales
y aún así se dio modos para hacerme llegar en enero Los autonautas de la
cosmoruta
amorosamente escrito a cuatro manos entre él y carol dunlop
a comienzos de febrero de paso por parís eduardo galeano me dejó un
ejemplar de Las caras y las máscaras que julio quería leer "durante su
convalecencia"
y miguel rojas mix que en esta historia de hospitales estaba entonces
hospitalizado me hizo saber que por saúl yurkievich sabía que el cronopio
mayor se acordaba de que no le había dado aún su medalla

julio ya no quería que se lo visitara en el hospital pero alfredo guevara logró
hacerle llegar el testimonio de solidaridad de cuba que ponía a su disposición
un avión y toda su capacidad médica
aunque sabíamos o sospechábamos o temíamos que fuera demasiado tarde
en la noche del sábado 11 de febrero le escribí unos renglones recordándole
que por viajes impostergables ausencias intempestivas e idas y vueltas suyas y
mías a los hospitales se había postergado la entrega de ese símbolo de
admiración y reconocimiento de la universidad española a la limpieza de su
vida y la limpieza de su obra
pero que se iban acumulando en mi poder cosas que le pertenecían
y que se las enviaba con alguien para que por intermedio de aurora bernárdez -
que había sido su primera mujer y era su última entrañable enfermera- las
recibiera el domingo a las cuatro de la tarde
pero el domingo se estuvo muriendo desde las cinco de la mañana hasta que
hacia el mediodía un médico tardíamente compasivo le puso una inyección
para que no le dolieran más el corazón ni el resto
esa noche vi en su casa de reojo el estuche con la medalla el libro y la carta

justo un año antes él había hablado del "término del periplo de una vida que
entra en su ocaso [...] al fin de un larguísimo viaje por las tierras y los mares del
tiempo"
no nos parecía a nosotros que hubiese sido tan largo pero ahí estábamos
enterrándolo el martes con un solcito frío de invierno en una caja larga y ancha
capaz de contener al gran hermano mayor aunque con la impresión de que
había tenido que empequeñecerse para pasar por la muerte sin bajar la cabeza
nos fue imposible convencer a los empleados de pompas fúnebres de que la
familia éramos nosotros cuando nos pedían que nos retiráramos
y volvimos a abrazarnos más estrechamente que la vez anterior
sintiéndonos que a pesar de estar todos juntos nos habíamos quedado un poco
más solos

(carol había muerto el 2 de noviembre "Día de los fieles difuntos"
julio fue a reunirse con ella -bajo la hermosa sábana de mármol que había
tallado luis tomasello- el 14 de febrero "Día de los enamorados"
dejo constancia de ello porque para él esas cosas tenían significado)

1984

Jorge Enrique Adoum "Desencuentros con Julio" de "Cementerio personal"


Julio Cortázar y Carol Dunlop

Nota aparte:

En los "Agradecimientos" de "Los autonautas de la cosmopista o Un viaje atemporal París-Marsella" dice textualmente: "A Jorge Enrique Adoum, Francoise Campo, Jerome Timal, Julio Silva, Gladis y Saúl Yurkiévich, Aurora Bernárdez, Nicole Piché, Francois Hébert, Hortense Chabrier, Georges Belmond, Laure, Philippe y Vicent Bataillon, Marie-Clude, Laurent y Anne de Brunhoff, que estaban en el secreto, nos dieron preciosos consejos que sería demasiado largo enumerar aquí, y nos alentaron con sus sonrisas lejanas en los momentos difíciles."


martes, 7 de julio de 2009

luis sepúlveda se despide de jorge enrique adoum: adiós, “turquito”

Adiós, “Turquito”

por Luis Sepúlveda


Tomado de Le Monde Diplomatique

En agosto de 1977 sentí que no tenía tierra bajo los pies. Había llegado a Lima luego de un accidentado periplo por Argentina, Uruguay, Brasil, Paraguay, nuevamente Argentina, Bolivia, y finalmente Perú. No podía quedarme en ninguna parte, eso era el exilio y, de pronto, en una calle de Lima vi a mi viejo amigo “Chiclayo” Pérez junto a uno de los grandes escritores latinoamericanos: el ecuatoriano Jorge Enrique Adoum.

En cuanto supo que era chileno y de los jodidos, el autor de “Entre Marx y una Mujer Desnuda” me abrazó, y a partir de ese gesto nació una amistad que se prolongó en Quito primero, y luego en los encuentros en París, al amparo de la formidable hospitalidad de Jorge Amado y Zelia, o en los fax desteñidos por el tiempo.

Un día de agosto de 1997, desde un bar limeño, Jorge Enrique Adoum hizo varias llamadas telefónicas al Ecuador solicitando un visado, hasta que un funcionario de Relaciones Exteriores le pidió que, para ahorrar tiempo, le dictara el mismo las características del visado. Al día siguiente la embajada ecuatoriana en Lima me entregaba un salvoconducto absolutamente inusual, sobre todo si era emitido por una dictadura, la del general Rodríguez Lara, “El Bombita”, y que me autorizaba a residir en Ecuador durante todo el tiempo que considerase necesario. Además, aquel documento dictado por Adoum, adornado con varios sellos y firmas, invitaba a las autoridades ecuatorianas a dar todo tipo de facilidades el licenciado Sepúlveda, para el éxito de sus gestiones.

Desde aquel momento, el trato entre el autor de “Los Cuadernos de la Tierra” e “Informe Personal sobre la Situación” fue de Doctor Adoum y Licenciado Sepúlveda, pero en Quito, al calor de unos canelazos éramos El Turquito y Lucho, dos tipos que recorrían las cantinas quiteñas, amanecían entre los puestos multicolores de la Avenida 24 de Mayo, y con lágrimas en los ojos cantaban; yo quiero que a mi me entierren como a mis antepasados, en el vientre oscuro y fresco de una vasija de barro.

En aquellos años, en Quito había una sorprendente cantidad de chilenos, argentinos y uruguayos, según todos, de paso, mientras la oficina de refugiados de Naciones Unidas decidía nuestros destinos. La mayoría estaba en una situación de limbo legal, eran frecuentes los arrestos, la temida policía de migraciones al mando del mayor Jarrín aterrorizaba con sus redadas y, gracias a mi salvoconducto, creo que era uno de los pocos a salvo de ser extraditado. Cada vez que caí en una redada, y fueron varias, presentaba el documento debidamente plastificado, y el “siga no más, licenciado” de los policías me llevaba a telefonear eufórico al Turquito para informarle que el dichoso papel todavía funcionaba.

Cuento esto, porque frente a mi tengo una foto del Turquito, porque mi amigo Jorge Enrique Adoum me hizo repetir muchas veces esta historia, porque lo quiero mucho y con rabia, porque se me fue de la vida y ya está reposando como sus antepasados, en el vientre oscuro y fresco de una vasija de barro.

Lo recuerdo en nuestro último encuentro, hace un par de años en Povoa do Varzim, en Portugal. Viajábamos en el bus de Correntes da Escritas, un hermoso encuentro literario, y El Turquito encandilaba con sus dotes seductoras de muchacho octogenario, con sus chistes soviéticos tan maravillosamente bien contados y que hacían llorar de alegría a Rosa Montero.

Sus ojos de miope ilustre se iluminaban al hablar de Neruda, de sus años como secretario y amigo del poeta. El Turquito tenía por costumbre vivir en nombre de muchos y, así, a la hora serena de compartir un trago bebido con todo el sentimiento posible, bebía sorbitos a la salud de Neruda, de Roque Dalton, de Otto René Castillo, de Javier Heraud, de Paco Urondo, de sus compañeros generacionales caídos en la lucha por la dignidad latinoamericana.

Jorge Enrique Adoum se apuntó a todas las causas justas y se jugó por ellas desde su condición de intelectual lúcido, de novelista de garra, de poeta enorme y de compañero imprescindible.

Pienso en él, miro su foto, y la memoria me lleva hasta el Quito de casas blancas en donde hicimos tantos planes mirando el amanecer andino, o cuando sentados en la parte más alta de El Batán, en la casa de Oswaldo Guayasamín, imaginábamos el fin de las dictaduras y un continente latinoamericano habitados por hombres y mujeres cuyo gentilicio sería la palabra hermanos.

Nos va a faltar el Turquito. Me va a faltar mi amigo y compañero Jorge Enrique Adoum a la hora de seguir soñando, porque entre las muchas cosas que me enseñó está el valor de los sueños compartidos.

Pero él sigue soñando, desde sus libros, y en el vientre oscuro y fresco de una vasija de barro.


Luis Sepúlveda, Gijón, 5 de julio de 2009


sábado, 4 de julio de 2009

jorge enrique adoum: su palabra no se ha ido



Jorge Enrique Adoum nació en la ciudad de Ambato el 29 de junio de 1926. Estudió Derecho y Filosofía en la Universidad Central del Ecuador y terminó sus estudios en Santiago de Chile. A los 25 años fue secretario privado de Pablo Neruda. Neruda decía de Adoum que era el mejor poeta que tenía América Latina.

Obtuvo el primer lugar en la primera edición del Premio Casa de las Américas de Cuba en 1960. Dejó el Ecuador en 1964, a raíz de un golpe militar y regresó al Ecuador en 1987. En 1989 el Gobierno ecuatoriano le otorgó el Premio Nacional de Cultura Eugenio Espejo por su dedicación a la escritura.

Jorge Enrique Adoum murió el 3 de julio de 2009 en Quito.

El mejor homenaje que se le puede hacer a un escritor de la talla de Jorgenrique Adoum, el Turquito, con la tristeza profunda por que ya no estará y no escribirá más, es repetir infinitamente sus escritos, difundirlos y que muchos más lo conozcan, de esa manera su palabra y su pensamiento permanecen vivos.

Aquí, algo de sus escritos:

"Yo te esperaba a dos cuadras de tu escuela para que no te vieran las monjas y te acompañaba a tu casa. Yo adivinaba el momento en que ibas a aparecer doblando la esquina, porque el corazón se me ponía a temblar como si te hubiera visto antes que yo. Tú me entregabas tu maletín de mimbre con tus cuadernos y libros, y yo lo llevaba orgulloso porque la agarradera estaba tibia de tu mano y eso era casi como una contraseña. Me sentía galán, pero cuando me veía a tu lado parecía sirviente. Tu altivez no era todavía la altanería orgánica de la mujer que tiene un hermoso culo y lo sabe y lo lleva consigo a todas partes, sino el orgullo por la casa en que se vive. A tu lado, yo era también como este departamento: esos crímenes sanguinolentos que salen en los periódicos nunca se comenten en casas como la tuya sino en los semitugurios de mi infancia: luz de bebida turbia, muebles cojos, focos oscuros cagados por las moscas, zócalos de humedad que descascaraba las paredes.
-Las casas tienen alma, decías, siempre hay alguien adentro, todas las cosas tienen alguien adentro, hasta el color blanco, lo que pasa en que no se le nota porque el blanco es callado.
Tu casa fue un país extranjero que conocí Siempre estaba recién pintada. A mi no me gusta ese color, decías, porque el rosado es la cobardía, ¿no ves cómo no se atreve a ser colorado? Y a mi me dolía la palabrota, siempre las mismas letras grandes, siempre PUTA escrito con carbón debajo de las ventana de tu hermana Nilda. Era un país de té con miel y mermelada y flores en la tarde, un país de alfombras por las que daba miedo pasar, ese miedo innato a las fronteras que sienten los que llevan rotos los zapatos, como un pasaporte falso. Tú estabas en todos los espejos, mirándote en su mediodía (los espejos se olvidan en seguida, decías, tienen mala memoria), tú abrías y cerrabas los cajones (pobrecitos, decías, siempre les ajustan los zapatos), tu lloraste una vez por el dolor de los clavitos que el hombre malo golpea con un martillo.
Y comencé a amar la botánica que tanto odiaba, pero es que en tu jardín tu pelo como de estatua rozaba lo que hasta entonces sólo habían sido simples nombres difíciles saliendo de la dentadura postiza del señor Pinto, y mis dedos tocaban las palabras que me enseñaban tu boca: glomérulo, corola, umbela, verticilo. Había flores que nos estaban prohibidas por tu madre, y por eso nos gustaban con miedo, como de lejos.
-Ésa es la flor del muerto.
-Qué tonto que eres. Es la flor de la maravilla.
Y yo te creía, aunque estaba seguro, porque el jardín era tuyo. Pero empezó a oscurecer y entramos en tu dormitorio lleno de tus cosas y de tu olor a limpio, tomaste una muñeca y te acostaste bocabajo y de través en la cama como si ya hubieras sido una mujercita y fueras a llorar, y en tu pieza había enrado el ángel del jardín.
-¿Huelen por la noche las flores?
-Sólo las que no pueden dormir, las otras se duermen calladitas."

Fragmento de "Entre Marx y una mujer desnuda"




Arena dije y nada dije sino las cinco letras de su nombre,
nada sino sus sílabas errantes que la brisa mueve
como peces muertos un mar seco que el mar a secas
le quitará a detelladas,
y arrastrada por corrientes de viento o de agua, girando a veces
como un trompo ciego,
la arena se va del mundo, se va al mundo, la llevan y la traen
y regresa concubina a acostarse bajo el polvo,
tapa siempre mal clavada del ataúd del suelo,
y la tierra la traga haciéndola rodar a su tiniebla
donde los que se aman esperan abrazados
bajo esa gris piel ajena que un soplo desharía.
Y cuando el que sabe de estas cosas ha limpiado
con un pincel más liviano que el aliento
tierra, polvo de semen y huesos confundidos
en una sola harina turbia,
nos llevamos en recuerdo del lugar donde yace el amoroso
monumento vivo,
algo tangible, por ejemplo valvas donde la arena
se acomodó a descansar anteanoche en otro siglo,
por ejemplo un puñado de esa arena.

Mejor así,
así se nos irá por entre los dedos, caerá a tierra,
volverá a irse a dónde y triste,
dejándonos nuevamente libres para perdonarnos
otra vez nuestro remordimiento.

De "El amor desenterrado"


-III-

Le gustaban los hombres, sanamente, y a ellos la cerveza.
Por eso puso el único bar del pueblo (una mesa y tres silla
que tenía en la sala) a la vera de la calle, frecuentado
por los solitarios que hablan entre ellos al borde del domingo.
(Los demás días los perros, las gallinas y los cerdos
se revuelcan bajo los muebles y un gallinazo a veces
se abate sobre la mesa y fija allí su territorio.)
La música de su radio ruidosa entre las moscas
llega a avisarles qué día es al carbonero y su señora
y le sana al tartamudo del canto de la misa.
Los marineros la buscan para oír otra vez otra voz,
ronca de aguardiente y hembra, en la que atracan
después del viaje con silencio a yodo.
Pregunta con insistencia de dos veces
viuda y sin viudedad (demasiadamente viuda),
y sin entender la geografía oral de las explicaciones,
en dónde quedan los paisajes de las postales
que alguien le mandaba. (Las prendía en la puerta
con el texto hacia arriba porque las noticias
le gustaban más que las fotografías.)
Pregunta por el hombre que iba a volver
un domingo de tarde (hace ya quince meses),
que se llevó el reloj del marido (parado en la hora
en que murió de un tiro) para que lo compusieran
allá lejos dijo, donde hay buenos relojeros dijo,
y sus zarcillos como contraseña de que regresaría
a ponérselos de nuevo (¿ceremonia nupcial?)
"con estas mismas manos que te amaron anoche"
y llevársela a uno de esos países para que se ría.
Pregunta por qué no ha vuelto ni ha vuelto
a enviar tarjetas. En dónde está. Por qué no viene.
(Si desde aquí se ve que el mar es liso qué pretexto
tiene.) Díganle que venga. Que a él le consta
que los zarcillos le estorban a la hora de acostarse
y que si no se pudo reparar el reloj no importa.
Total sólo sirvió dos veces cuando indicó la hora
en que alguien se marchaba para siempre.

De "Postales del trópico con mujeres"



-VI-

la iglesia apuntalada por el viento contra la carcoma
su campana con tos por la sal del sol y el yodo de las olas
los santos contaminados por los fieles y una humedad de lepra
el confesionario cajón póstumo es decir que sogas vendan
las reventazones de la mudanza en otro siglo a lomo de otros
indios
y lo que aún queda disponible de los pecados para pobres
como menú de restaurante a precio fijo al final de la noche
para estas madrugadoras cañas viudas del pantano
que ya no pueden inventarse sino tiznes veniales
pero siguen penintenciándose las culpas de hace tiempo
con inovensivos rosarios o silicios orales
que el flaco cuerpo resiste todavía
y vivirán de rodillas en los suburbios del arrepentimiento
y en estado contrito de gracia agradecidas

qué más pueden hacer -pecado leve-
la comunión el domingo es desayuno

De "Postales del trópico con mujeres"


Foto: Diario HOY

Resumen de la Infancia

Ante todo, es preciso ordenar la infancia
como un país disperso, hallar las fechas
de su límite: la dulce iniciación
en la desobediencia, la cerradura
que por necesidad puse a mi alcoba
o la primera mujer que se guardó la noche
entre sus telas estériles, sus párpados.

Y descubrí de pronto que nadie compartía
mis costumbres: la muerte había entrado
antiguamente al patio, a la bodega,
y yo crecía sobre un osario familiar.
No sé por qué, porque sí, por pura
gana, cambié las órdenes para la cena,
el sitio de los adornos, el precio
de las plumas; odié el muro
que cercaba la viña y el camino de orina
a los establos. Y ya no pude vivir más,
no podía establecer mi edad, mi oficio,
destruir la seguridad de cada día
o levantar los párpados hacia la luz
de afuera: un hombre pasaba sin llorar
bajo la lluvia, las aldeanas
completaban su cuerpo entre la hierba,
pero debía conservar la herencia intacta,
conocer los secretos del ganado,
calcular la distancia entre mi seca
seguridad y la aventura.

Así empecé
a soñar solamente con la llave,
con la bahía donde nadie hubiera
a despedirme, con migraciones de pájaros
azules. No era la pegajosa soledad
lo que buscaba sino una familia
diseminada en la distancia, una
hora de paz bajo los árboles, una hoja
sin odio entre mis manos.

De "Notas del hijo pródigo" 1953





"Le gustaban" de "Postales del trópico con mujeres"




"El monumento a los niños, fragmento final de "Horoshima mon amour"


EDUFUTURO:

Ecuador Amargo
1949


El Amor Desenterrado
1949


Poemas en Postespañol

Curriculum Mortis

Yo Me Fui Con Tu Nombre Por La Tierra

Los Cuadernos de la Tierra

Relato del Extranjero

Notas del Hijo Pródigo

Carta Para Alejandra


Cementerio Personal


Textos Exdispersos


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De ti nací y a ti vuelvo
arcilla vaso de barro
con mi muerte yazgo en ti
a tu polvo enamorado.
(Jorge Enrique Adoum)

domingo, 17 de mayo de 2009

mario benedetti ya no está pero no se ha ido: fragmentos

"gracias a vos me reconciliaba conmigo mismo" (El cumpleaños de Juan Angel)
¡GRACIAS Mario Benedetti !!


Foto tomada de "Personajes y Barrios montevideanos" Magela Ferrero-Daniel Caselli"




El cumpleaños de Juan Ángel

"en realidad este momento es propicio para casi
todo
cuando uno se encuentra tan cercado se
vuelve repentinamente libre
es el instante de contrabandear hasta los
remordimientos más secretos
y añorar las dulces barbaridades que se nos
quedan en el tintero
y maldecirnos por haber ahorrado inútilmente
nuestro semen fructuoso
y no haber besado más muchachas en la edad
en que nada hay tan importante como
besar muchachas
y execrarnos por no habermos establecido para
siempre en algún sueño de los buenos
ésos con desahogos y tiernas astucias y
mburucuyás en flor y alfombras voladoras
y juguetes insólitos y pezones
hospitalarios y almohadas de
convaleciente y largos largos zancos
y olfatear por vez primera el olor ácido de la
muerte pero también el escandaloso
aroma de la resurrección
y aceptar con restricto fervor esa gran lotería a
la interperie que es la justicia inmanente
y aceptar asimismo otros recursos no menos
desesperados
y recordar de pronto falsas maravillas tales
como malvones diávolos picaflores
meccanos ombligos pipas sanguijuelas
alicates pirañas gramófonos candiles y
otros infantiles motivos de estupor que el
tiempo del adulto desprecio se ha
encargado luego de poner en su sitio
y reconciliarnos con la facilonga improvisación
aborigen que despúes de todo resulta
menos luctuosa que el meditado saqueo
de los banqueros manhattianos
y reducir a su enana dimensión la gloria
chantapufi de los padrastros de la patria

(...)

en este cumpleaños que programé en su
albedrío general pero no en sus vericuetos
en este cumpleaños que acaso sea el resultado
carnal de una operación cibernética
siento por un instante
quizá por un instante de flojera
cierta nostalgia de mamá y su sonrisa quieta
de sus delgados brazos color flamenco
que allá lejos allá temprano venían a decir a
volar
a romper el champán sobre el barco del año

y asimismo nostalgia de papá búho
él sabía que mis excusas en rigor eran
catástrofes
y que en mis viajes alrededor de la almohada
también partir era morir un poco
que debajo de mis lágrimas había un suelo
rocoso
y debajo de la roca una marmita de llanto

pero no veo esas imágenes como algo que me
pasó hoy temprano en esta vida única
sino como diapositivas en colores de un pasado
sin vuelta
todavía soy capaz de admirar ese consuelo
pero en el fondo estoy tan lejos de eso como de
un ramillete de nomeolvides o de un
tranvía de la transatlántica o de la
alborada del gracioso"


Foto Agencia EFE


La sirena viuda

Geografías

"Es así: uno de los dos pregunta sobre un detalle (no privado, sino público) de la lejanísima Montevideo: un edificio, un teatro, un árbol, un pájaro, una actriz, un café , un político proscripto, un general retirado, una panadería, cualquier cosa. Y el otro tiene que describir ese detalle, tiene que exprimir al máximo su memoria para extraer de ella su postalita de hace diez años, o darse por vencido y admitir que no recuerda nada, que aquella figura o aquel dato se borraron, no se alojan más en su archivo mnemónico. En este último caso pierde un punto, siempre y cuando quien formula la pregunta.

(...)

Su mano está sobre la mesita. Levemente tensa, aunque no crispada. Es el único síntoma de que no se siente en el mejor de los mundos. Qué puedo hacer sino mover mi mano hacia la suya y allí depositarla, simplemente dejarla estar. Me mira con una nueva atención y dice cuánto tiempo eh, cuánto tiempo y cuántas cosas. De prono le han caído en el rostro como diez años, no con arrugas ni ojeras ni patas de gallo, sino con abatimiento y con tristeza. Y no con una tristeza del instante, provisional, efímera, sino otra incurable, atornillada a los huesos, con raíces en al´gun enigma que para ella no lo es. Cinco minutos de silencio. Lo poco que digo, lo dice en realida dmi palma sobre sus nudillos. Me temo que no sea una idea feliz, pero de todas maneras propongo: mi covacha está a sólo tres cuadras. Su respuesta afirmativa viene en tres etapas: se peina un poco, toma el bolso y se pone de pie en espera de que yo pague. Otra vez está joven...Vamos del baroz, sin hablarnos, pero el contacto rehace una historia. De vez en cuando le vigilo el perfil y compruebo que no mira al infinito sino que al pasar va examinando las vidrieras y los vestidos y ls precios y hasta comenta que todavía no se ha habituado a calcular en francos...No se asombra cuando llegadmo, de que mi covacha sea tan modesta. No se asombra de que en el casi decenio transcurrido mi status siga estancado en el subdesarrollo. Tercer mundo en pleno corazón de París (...)

Y de pronto se hace un silencio. Un silencio espeso después de tanta charla transparente. EStoy sentado en el borde del camastro, y ella, está cerca, en mi única silla...Estoy conmovido y sin embargo encuentro fuerzas para preguntarle qué pasa, que le pasa....No puede ser, por mi y por vos. Eso es lo que dice. Todos los paisajes cambiaron, en todas partes hay andamios, en todas partes hay escombros. Eso es lo que dice...Mi geografía también ha cambiado. Eso es lo que dice"


Su amor no era sencillo

Los detuvieron por atentado al pudor. Y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse. En realidad, su amor no era sencillo. El padecía de claustrofovia, y ella, agorafobia. Era sólo por eso que fornicaban en los umbrales.


Foto de Agencia EFE, tomada de EL PAÍS







Primer Subsuelo (Fragmento de los borradores del viejo)

"¿Por qué escribir estos Borradores? Cuando los años se suman, uno empieza a tener noción de que el tiempo se escapa, y talvez por eso alimente el autoengaño de que escribir sobre lo cotidiano puede ser una forma, todo lo primitiva que se quiera, de frenar ese descalabro. No se lo frena, por supuesto. Nada ni nadie es capaz de sujetar al tiempo.

No obstante, hay tantos hechos e imágenes que desfilan ante nosotros (paisajes, noticias, júbilos, rostros, lecturas, sorpresas, desgracias, riesgos, fastos, muchedumbres) y en algún sentido nos cambian la vida, así sea en milésimas del rumbo prefijado. Días o meses o años después, es probable que lamentemos no haber tomado nota de esos lances y vicisitudes.

La verdad es que nunca he creido en los diarios íntimos. Creo que en muy contadas ocasiones uno llega a tocar apenas la propia h0ndura en santiamenes que puden ser maravillosos o escalofriantes. Pero ello tal vez ocurra tres o cuatro veces a lo largo de una existencia. De modo que no es cuestión de simular que uno alcanza diariamente esa profundidad, cuando en el mejor de los casao, apenas llega al primer subsuelo.

Despúes de todo, no es poca cosa tratar de ser honesto en la transmisión de lo que se ve, se toca, se gusta, se huele, se oye. Quisiera que estos Borradores fueran algo así como un cuaderno de bitácora, pero de los sentidos, y destinado a incluir asimismo las eventuales reflexiones que provoquen tales apreciaciones y tanteos en el vestíbulo de la intimidad..."

Otros textos, poemas y fragmentos de y sobre Mario Benedetti:
En este blog:

Otro escaparate

La locura

Disparate

El poeta hospitalizado : algunos poemas

Sobre Benedetti: "Benedetti vive a través de su palabra"
(tomado de El Comercio de Quito)

No te salves / Táctica y estrategia / Puedes contar conmigo recitados por Mario Benedetti





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El adiós a Benedetti


Foto de El Espectador, Montevideo



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viernes, 26 de diciembre de 2008

harold pinter no está más

mi primer acto matutino es recoger el periódico y ahí mismo en la puerta leer los titulares. La noticia que me llega es "Murió Harold Pinter, el dramaturgo más importante de la segunda mitad del siglo XX". Me quedó ahí parada y pienso en que me es un nombre tan familiar como lo puede ser Benedetti o Gelman; pienso en lo políticamente consistente y consecuente que era y felizmente no "polite", es decir no políticamente correcto, sino correctamente político, muy crítico al gobierno norteamericano y a sus intervenciones en la política de otros países como en el golpe militar en Chile, la guerra del Golfo, el bombardeo a Kosovo, la invasión norteamericana a Irak; fue crítico al apoyo británico a las políticas norteamericanas e incluso junto a su mujer formaron un grupo opositor a las políticas de Margaret Thatcher (grupo 20 de junio).

Cuando me interesaba por la historia del teatro y leía teatro en los primeros años universitarios (ahora el tiempo...) por ese inevitable afán de saber lo que mi padre había hecho en el teatro experimental cuando estudiaba medicina y para también entender lo que hacía la abuela propia (o sea la mía) todas las mañanas a puerta cerrada en la sala chica (es decir en el escritorio de su casa con la máquina de escribir de teclas redondas ¿underwood?) dedicada a escribir teatro para niños, fue que descubrí ese alucinante género y también, entre otros, el nombre de Harold Pinter que debe haber sido uno de los primeros que me hizo sentido (en esos años de activismo).


Foto: Max Nash/AP

Escribió numerosas piezas teatrales (The Room, el Conserje, Tea Party, La fiesta de cumpleaños, El amante, Viejos Tiempos, Traición, Tierra de Nadie, Ashes to Ashes, etc.) más de veinte guiones cinematográficos (el más conocido "La amante el teniente francés"), dirigió montajes teatrales con el Gate Theatre de Dublín y el Royal National Theatre y por sus obras ha sido distinguido con premios tales como El Premio Shakespeare, Premio Especial Laurence Olivier y El Premio Austriaco de Literatura Europea; fue, además nombrado director de la Asociación de Teatro Nacional en Inglaterra y doctor Honoris causa por las universidades de Reading, Glasgow y Stirling.

Pues leo el periódico, siento pena y pienso que ya no está más...




Homenaje a las Madres de Plaza de Mayo

HAROLD PINTER, EL CINE INCONFORMISTA

Premio Nobel de Literatura 2005:
Adiós al dramaturgo inglés que revolucionó el teatro mundial (El Mercurio)


Muere el dramaturgo Harold Pinter a los 78 años (El PAÍS)

Guionista de películas míticas (El PAÍS, 2005)

EL AÑO LITERARIO 2005 - PANORAMA INTERNACIONAL REINO UNIDO
Excelente cosecha británica (El PAÍS, 2005)

A los 78 años
Murió el dramaturgo Harold Pinter
Fue Premio Nobel de Literatura en 2005
(La Nación)

Ver ► GALERIA DE IMAGENES (La Nación)

Dejó también su sello en el cine
(La Nación)

Calla el dramaturgo rebelde Harold Pinter
"...fue el eje del teatro británico, donde se impuso con un inequívoco estilo hecho de pausas, modismos y juegos de palabras para intentar clarificar las personalidades de los protagonistas de sus obras. Para Pinter, el silencio podía expresar incluso más violencia que la palabra más dura"



Discurso al recibir el Nobel de Literatura

(Video con subtítulos: Harold Pinter: el discurso de recepción del Nobel de Literatura -Videos La Nación)


Información de la BBC: Playwright Harold Pinter dies


SKYNEWS:Death of a Playright: Harold Pinter dies at 78


Entrevista a Harold Pinter que explica uno de sus poemas


Todos los enlaces a Harold Pinter en Youtube

sábado, 13 de diciembre de 2008

platero y yo (elegía andaluza): sentimiento primario

cuando la vida con sus vericuetos que propician la confusión se interpone contrariando ese sentimiento en el que confluyen, por vez primera, lo bello con la esencia misma del ser en un cúmulo de las coincidencias mas elementales, en el mismo fin del mundo, sentimiento que aviva los sentidos, las alegrías y la fuerza en el encuentro con un otro con quien se comulga en la sincronía de códigos, con un mismo lenguaje sin notar que es distinto el acento, en ver muchas cosas de la vida semejantes, en el compartir el desarraigo; cuando ese encuentro hace salir ese sentimiento profundo y enraizado que viene de lo más hondo del alma y que confluye, además, con el sentir de esa música, esos sonidos, esas voces y jadeos...cuando la vida hace una zancadilla que conduce al vacío que hiere al sentimiento...entonces, se regresa a la palabra primaria buscándo consuelo, a la más básica, a la que fue en la infancia, aquella, la que se supo por el hablar con los padres, la que fue motivo de dibujo y de tantas tardes, tantas, grabadas en el recuerdo con la imagen vívida de ese libro gastado, de páginas amarillentas, pasadas tantas y tantas veces y que hasta ahora está en ese mismo cajón de la madre; es entonces cuando lo único que queda es volver, anteponiendo el yo que se refugia en el silencio buscando respuestas y calma, al mismo Platero de siempre...

F.

PLATERO Y YO

“a la memoria de Aguedilla, la pobre loca de la calle del Sol que me mandaba moras y claveles”

PLATERO

Platero es un burro pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.

Lo dejo suelto, y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico,rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas... Lo llamo dulcemente: "¿Platero?", y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal...

Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar, los higos morados, con su cristalina gotita de miel...

Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña ... pero fuerte y seco como de piedra. Cuando paso sobre él los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo:

-Tiene acero ...

-Tiene acero. Acero y plata de luna al mismo tiempo.


EL LOCO

Vestido de luto, con mi barba nazarena y mi breve sombrero negro, debo cobrar un extraño aspecto cabalgando en la blandura gris de Platero.

Cuando, yendo a las viñas, cruzo las últimas calles, blancas de cal con sol, los chiquillos gitanos, aceitosos y peludos, fuera de los harapos verdes, rojos y amarillos las tensas barrigas tostadas, corren detrás de nosotros, chillando largamente:

-¡El loco! ¡El loco! ¡El loco!

... Delante está el campo, ya verde.

Frente al cielo inmenso y puro, de un incendiado añil, mis ojos -¡tan lejos de mis oídos!- se abren noblemente, recibiendo en su calma esa placidez sin nombre, esa serenidad armoniosa y divina que vive en el sin fin, del horizonte... Y quedan, allá lejos, por las altas eras, unos agudos gritos, velados finamente, entrecortados, jadeantes, aburridos:

-¡El lo ... co! ¡ El lo ... co!




JUEGOS DEL ANOCHECER

Cuando, en el crepúsculo del pueblo, Platero y yo entramos, ateridos, por la obscuridad morada de la calleja miserable que da al río seco, los niños pobres juegan a asustarse, fingiéndose mendigos. Uno se echa un saco a la cabeza, otro dice que no ve, otro se hace el cojo...

Después, en ese brusco cambiar de la infancia, como llevan unos zapatos y un vestido, y como sus madres, ellas sabrán cómo, les han dado algo de comer, se
creen unos príncipes:

-Mi padre tiene un reloj de plata.
-Y el mío un caballo.
-Y el mío una escopeta.

Reloj que levantará a la madrugada, escopeta que no matará el hambre, caballo que llevará a la miseria...

El corro, luego. Entre tanta negrura, una niña, con voz débil, hilo de cristal acuoso en la sombra, canta entonadamente, cual una princesa:

Yo soy la viudita
Del Conde de Oré...

... ¡Sí, sí! ¡Cantad, soñad, niños pobres! Pronto, al amanecer vuestra adolescencia, la primavera os asustará, como un mendigo, enmascarada de invierno.

-Vamos, Platero...


EL PAN

Te he dicho, Platero, que el alma de Moguer es el vino, ¿verdad? No; el alma de Moguer es el pan. Moguer es igual que un pan de trigo, blanco por dentro, como el migajón, y dorado en torno -¡oh sol moreno!- como la blanda corteza.

A mediodía, cuando el sol quema más, el pueblo entero empieza a humear y a oler a pino y a pan calentito. A todo el pueblo se le abre la boca. Es como una gran boca que come un gran pan. El pan se entra en todo: en el aceite, en el gazpacho, en el queso y la uva, para dar sabor a beso, en el vino, en el caldo, en el jamón, en él mismo, pan con pan. También solo, como la esperanza, o con una ilusión...

Los panaderos llegan trotando en sus caballos, se paran en cada puerta entornada, tocan las palmas y gritan: "¡El panaderooo!"... Se oye el duro ruido tierno de los cuarterones que, al caer en los canastos que brazos desnudos levantan, chocan con los bollos, de las hogazas con las roscas...

Y los niños pobres llaman, al punto, a las campanillas de las cancelas o a los picaportes de los portones, y lloran largamente hacia adentro: ¡Un poquiiito de
paaan!...


LA ARRULLADORA

La chiquilla del carbonero, bonita y sucia cual una moneda, bruñidos los negros ojos y reventando sangre los labios prietos entre la tizne, está a la puerta de la choza, sentada en una teja, durmiendo al hermanito.

Vibra la hora de mayo, ardiente y clara como un sol por dentro. En la paz brillante, se oye el hervor de la olla que cuece en el campo, la brama de la dehesa, la alegría del viento del mar en la maraña de los eucaliptos.

Sentida y dulce, la carbonera canta:


Mi niño se va a dormir
en gracia de la Pastora ...
Pausa. El viento en las copas ...


... y por dormirse mi niño,
se duerme la arrulladora ...

El viento ... Platero, que anda, manso, entre los pinos quemados, se llega, poco a poco.... Luego se echa en la tierra tosca y, a la larga copla de madre, se adormila, igual que un niño.


Andrés Segovia "La Arrulladora" de Mario Castelnuovo-Tedesco (Guitarra y lectura-narración e imagen)


ESCALOFRÍO

La luna viene con nosotros, grande, redonda, pura. En los prados soñolientos se ven, vagamente, no sé qué cabras negras, entre las zarzamoras.... Alguien se esconde, tácito, a nuestro pasar.... Sobre el vallado, un almendro inmenso, níveo de flor y de luna, revuelta la copa con una nube blanca, cobija el camino asaeteado de estrellas de marzo... Un olor penetrante a naranjas ... humedad y silencio... La cañada de las brujas....

-¡Platero, qué ... frío!

Platero, no sé si con su miedo o con el mío, trota, entra en el arroyo, pisa la luna y la hace pedazos. Es como si un enjambre de claras rosas de cristal se enredara, queriendo retenerlo, a su trote...

Y trota Platero, cuesta arriba, encogida la grupa cual si alguien le fuese a alcanzar, sintiendo ya la tibieza suave del pueblo que se acerca ...


EL ALBA

En las lentas madrugadas de invierno, cuando los gallos alertos ven las primeras rosas del alba y las saludan galantes, Platero, harto de dormir, rebuzna largamente. ¡Cuán dulce su lejano despertar, en la luz celeste que entra por las rendijas de la alcoba! Yo, deseoso también del día, pienso en el sol desde mi lecho mullido.

Y pienso en lo que habría sido del pobre Platero, si en vez de caer en mis manos de poeta hubiese caído en las de uno de esos carboneros que van, todavía de noche, por la dura escarcha de los caminos solitarios, a robar los pinos de los montes, o en las de uno de esos gitanos astrosos que pintan los burros y les dan arsénico y les ponen alfileres en las orejas para que no se les caigan.

Platero rebuzna de nuevo. ¿Sabrá que pienso en él? ¿Qué me importa? En la ternura del amanecer, su recuerdo me es grato como el alba. Y, gracias a Dios, él tiene una cuadra tibia y blanda como una cuna, amable como mi pensamiento.


NOSTALGIA

Platero, tú nos ves, ¿verdad?

¿Verdad que ves cómo se ríe en paz, clara y fría, el agua de la noria del huerto; cuál vuelan, en la luz última, las afanosas abejas en torno del romero verde y malva, rosa y oro por el sol que aún enciende la colina?

Platero, tú nos ves, ¿verdad?

¿Verdad que ves pasar por la cuesta roja de la Fuente vieja los borriquillos de las lavanderas, cansados, cojos, tristes en la inmensa pureza que une tierra y cielo en un solo cristal de esplendor?

Platero, tú nos ves, ¿verdad?

¿Verdad que ves a los niños corriendo arrebatados entre las jaras, que tienen posadas en sus ramas sus propias flores, liviano enjambre de vagas mariposas blancas, goteadas de carmín?

Platero, tú nos ves, ¿verdad?

Platero, ¿verdad que tú nos ves? Sí, tú me ves. Y yo creo oír, sí, sí, yo oigo en el poniente despejado, endulzando todo el valle de las viñas, tu tierno rebuzno lastimero...



(Platero y yo de Juan Ramón Jiménez. Extracto)

martes, 7 de octubre de 2008

palabras de jorge díaz

El otro día estaba lloviendo. El agua caía
sobre mi. De pronto, me vi reflejado en una
vitrina. El agua había borrado mi boca, mis
ojos, todo. Frente a mi tenía una cabeza hueca
completamente vacía.
Por primera vez me reconocí.

§§§

Hubo un tiempo en el que yo le prestaba
atención al ruido de las hojas y al itinerario
misterioso de las hormigas. Entonces, yo era
un proyecto de vida.
Hoy, sólo le presto atención a las cosas
verdaderamente importantes: soy un proyecto
de muerte.

§§§

Escribir consiste en sentarse y esperar. Tarde o
temprano, las palabras aparecerán
sigilosamente y empezarán a diseñar un tapiz
misterioso e inesperado que yo nunca pretendí
dibujar. No quiero pensar ni entretener ni
divertir a nadie; sólo quiero escuchar las
palabras que vienen del interior de las cosas,
de la memoria del tiempo y que susurran algo
incomprensible. Y para eso, debo quedarme
quieto y esperar. Si yo busco a las palabras, no
acudirán jamás. Son ellas las que me buscan a
mí y me proponen algo imposible: expresar
lo inexpresable.

§§§

Todas las certezas son represoras. Se mata, se
tortura, se margina, en nombre de la certeza.
Sin embargo, sólo la duda es humana y aún
esta afirmación la pongo en duda.

§§§

El aire de una sala de teatro es irrespirable
hasta que no se llena de palabras.

§§§

No hay nada nuevo bajo el sol; por eso es mejor
descubrir lo que hay sobre el sol. Eso es
precisamente lo que hacen los poetas.

§§§

Cuando alguien te amordaza
con un beso
y te ata de pies y manos
con un abrazo
es cuando eres realmente libre.

§§§

Cada momento es un pájaro vivo, un pulso,
un latido. Hoy me tocó el adiós, ¡hay que vivirlo!
Mañana, quien sabe, nos volveremos a ver,
nos llamaremos, recuperaremos el abrazo. A
lo mejor, ni siquiera nos estamos separando y
todo esto no es más que el espejismo de un
reencuentro.
Cada ausencia es la esperanza de un nuevo
nacimiento.

Tomado de per Versiones Orales

§§§

"Anoche soñé con un tenedor...Bueno, eso no tiene nada de misterioso...debe ser símbolo sexual inconciente...pero, lo raro, era que el tenedor decía que era cuchara. El pobre tenía complejo de cuchara... de cuchara de postre.

Si...en el sueño había un postre... y el postre era yo. Se movía así (se mueve vibrando). Era jalea de damasco. Yo no sé por qué soy tan complicada. El psiquiatra tampoco. Me dijo que hablara en voz alta por las mañanas, que eso era bueno para la salud mental (...)

Vivo con un hombre.
Por lo menos todos llaman así a este ser de pies grandes que hace gárgaras en los momentos más inesperados y se rasca siempre la axila izquierda.

A veces pienso que sería mejor vivir con el tenedor. Sin complejos naturalmente. Yo soy su mujer. Eso quiere decir que debo ser femenina. Eso no es fácil. Hay que sentirse débil y poner brillantes los ojos para que el ser de los pies grandes la proteja a una.
También debo ser atractiva. No debo permitir que me crezca bigote ni se me caigan los dientes. Tengo que recordar que los ravioles ensanchan las caderas y los espárragos achican el busto.
La verdad es que estoy cansada. Horriblemente cansada de ser la esposa femenina de ese animal masculino que se rasca y lee el diario."

Tomado de "El cepillo de dientes . Obra en un acto"



Foto Emol

Jorge Díaz (1930-2007)

martes, 30 de septiembre de 2008

arcipreste de hita: enxienplo de las ranas en cómo demandavan rey a don júpiter (de las ranas que demandaban rey a júpiter)


Tomado de Oronoz Fotógrafos


Enxienplo de las ranas en cómo demandavan rey a Don Júpiter

Las ranas en un lago cantavan e jugavan,
cosa non les nuzía, bien solteras andavan;
creyeron al dïablo, que del mal se pagavan,
pidieron rey a Don Júpiter, mucho gelo rogavan.

Enbïóles Don Júpiter una viga de lagar,
la mayor que él pudo, cayó en ese lugar:
el grand golpe del fuste fizo las ranas callar,
mas vieron que non era rey para las castigar.

Suben sobre la viga quantas podian sobir;
dixieron: 'Non es éste rey para lo nós servir.'
Pidieron rey a Don Júpiter como lo solian pedir;
Don Júpiter, con saña, óvolas de oír.

Enbióles por su rey çigüeña manzillera;
çercava todo el lago, ansí faz la ribera,
andando pico abierta; como era vente[r]nera,
de dos en dos las ranas comía bien ligera.

Querellando a Don Júpiter, dieron boçes las ranas:
'¡Señor, Señor, acórrenos, tú que matas e sanas;
el rey que tú nos diste por nuestras bozes vanas,
danos muy malas tardes e peores las mañanas!

'¡Su vientre nos sotierra, su pico nos estraga!
De dos en dos nos come, nos abarca e nos traga!
¡Señor, tú nos defiende, Señor, tú ya nos paga;
danos la tu ayuda, tira de nós tu plaga!'

Respondióles don Júpiter: 'Tened lo que pidistes;
el rey tan demandado, por quantas bozes distes,
vengue vuestra locura, ca en poco tovistes
ser libres e sin premia; reñid, pues lo quesistes.'

Quien tiene lo que al cunple, con ello sea pagado;
quien podiere ser suyo non sea enajenado;
el que non toviere premia non quiera ser apremiado:
libertat e soltura non es por oro conprado.

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Al poeta castellano autor de la obra más importante de la Edad Media, El Libro del Buen Amor, Juan Ruiz, se le conoció como el Archipreste de Hita. Nació en la primera mitad del s. XIV y se cree que nació en Alcalá de Henares, aunque hay quienes dicen que nació en Guadalajara . Fue encarcelado por unos doce años y se piensa que escribió esta obra cuando cumplía una pena impuesta por el Cardenal de Toledo por oponerse al celibato y ser partidario de la barraganía (contrato de convivencia entre un sacerdote y una mujer) bastante difundida en Toledo donde convivían judíos, moros y cristianos.


Página de uno de los manuscritos del Libro de buen amor (Lba-codice) conservada en la Biblioteca Nacional de Madrid

domingo, 21 de septiembre de 2008

carlos monsiváis, una coincidencia hoy

mientras realizaba tareas de la casa escuchaba a Alfredo Zitarrosa y mi próxima entrada, o sea esta, sería para recordarlo. En un paréntesis de las tareas, esta tarde leí una entrada en el blog de la mexicana Graciela Barrera acerca de la presencia de Carlos Monsiváis y Elena Poniatowska en la la Feria Internacional del Libro Universitario en Xalapa, México; le comento que de él prácticamente no he leido nada, excepto algún artículo disperso. Imperdonable, cuando es uno de los escritores más importantes no sólo en México sino en América Latina, premiado con el premio Juan Rulfo (ahora Premio de la Feria Internacional del Libro) en el 2006; a ella, en cambio, simplemente la disfruto y me encanta.

Me quedo pensando en mi ignorancia, ampliada ahora a Mosiváis, gran amigo de Elena Ponitowska y a quien ella lo cita constantemente.



Tengo toda la disposición de dormir, cuando enciendo la TV y le están entrevistando justamente a Carlos Monsiváis, me emociono y encuentro un motivo para postergar el sueño; es que los últimos días no es que me ha costado dormir, porque cerrar los ojos y conciliar el sueño no cuesta, sino que me pasado en duermevela, con un sueño liviano por no decir frágil acompañado de un despertar de madrugada.

Y Monsiváis habla sobre Juan Rulfo y Pedro Páramo y sobre la épica del desconsuelo, me gusta ese concepto, me gusta el trasfondo que tiene; también resalta la importancia de Rulfo porque, al decir de Mosiváis, "resucita palabras", esas del lenguaje popular que se estaban perdiendo. Mientras pienso en ello le oigo decir que a televisión "es la tramitadora del idioma de Cervantes" y cuando trato de entender ya le oigo decir que lamenta por no ver nunca telenovelas y que le gustaría verlas por el fenómeno mediático que representan. Me encanta su naturalidad y más cuando dice que "el intelectual es aquel a quien, en términos generales, de le pregunta para no oir". Sonrío.

Finalmente habla sobre política mexicana y se refiere al anterior presidente de su país como un "profesional de la jactancia" y a continuación habla sobre Borges.

Tengo claro que debo leer a Monsiváis; me ha seducido y como es tarde (o temprano, depende desde donde se mire) por ahora dejo aquí un enlace a una charla sobre Lectura y globalización. Elogio (innecesario) de los Libros, mientras me preparo un jarro de leche de soya bien caliente con miel, a lo mejor es un buen inductor del sueño o si no, un desayuno anticipado, depende cómo se lo tome.