domingo, 5 de agosto de 2007

un poema de antonio preciado o...talvez más

Antonio Preciado
(1941-)


Dos solos de tambor de Cuamé Bamba


I


Vengo de andar,
de largo a largo,
más de mis propios días,
porque para llegar,
si no me alcanzan,
voy tomando prestadas las semanas.
Me llamo Cuamé Bamba,
antiguo caminante que anda
y anda,
con una enorme huella sobre el polvo,
ofreciendo un volcán en cada casa.
Yo soy Cuamé,
de atrás hacia delante:
viento,
río,
paso,
lanza!!

II


Hombre de sangre azul,
quieres decirme tú de dónde vienes?
de dónde vengo yo,
hacia dónde vamos?

Comenzamos iguales la jornada,
el mismo ayer,
sobre las mismas aguas.
Yo sigo caminando,
sigo,
sigo,
yo sigo caminando con la misma pisada,
y tú has quedado atrás,
junto a ti mismo,
con una triste vena solitaria.

Dime:
Sobre tu ayer,
¿quién ahora eres?
Dime:
Con tu cansancio,
¿cómo andas?

Hermano sin embargo,
la misma latitud,
el mismo mapa.
Simplemente dormido,
o, digamos,
sonámblo en tu sombra,
yo recuerdo ese mar que nos confunde,
ese mismo silencio,
aquella misma paz inaugurada.

Hermano,
yo recuerdo
esa huella común que nos abraza,
y te amo sore el muro de tu sangre,
sobre todas tus venas derrotadas,
y en realidad te quiero hace ya siglos,
desde que, como yo,
eras el leve atisbo de un murmullo
sobre la paz del agua.

Y hoy que tenemos voces,
voces,
voces,
te digo, compañero,
vamos,
anda!



Oleaje
Esta es la dolorosa tierra mía,
con la estrella hacia abajo,
que para no aburrirse de ir muriendo,
siempre le queda un hombre,
un arcoiris,
agua viva de mar
y un pez en blanco.


El poeta les muestra sus raíces
Seguramente,
desde el primer minuto en que detienen
nuestro andar por la nada,
desde ese mismo instante
en que la sangre viva halla su cauce,
le dan al corazón ya su equipaje,
y uno va por su vía
tratando de encontrarse,
uno lucha y se estira,
palpitando se arrastra,
peor la sangre tiene el puño firme
y conserva lo suyo hasta el arribo.

Por eso, cuando vine aquella noche
gritando mi llegada,
traía el corazón comprometido,
atestado de abuelos,
trabajadores arduos de las venas,
impalpables, profundos,
como antiguos fantasmas,
así como las sombras,
sin cuerpos y sin manos,
pero siempre pesando,
siguiendo un surco viejo,
largo,
en el rinón más hondo del latido.

Aquí estuvieron desde siempre,
firmes,
frescos,
exactos,
entregando su esencia gota a gota
para seguir viviendo
con sus ojos abiertos en mis ojos,
con sus cantos brotando de mis cantos,
pues nunca se resignan a estar muertos,
y volvieron a asomarse,
abriendo su potencia anochecida
en el nervio fecundo de mi aurora.



El muchacho negro, la muchacha blanca
Mientras caminan los dos,
sangre a sangre,
ansia con ansia,
junto a la luz de la luna
que va con ellos descalza,
desde su muro de arena,
un muro de arena blanca,
el necio de sangre lenta
les grita sus amenazas.

Pues, por los dos, que se muera,
que se enveneen de rabia,
que el mundo ha venido andando
distancias,
muchas distancias,
y, con el mundo, la luz,
la luz que se les derrama,
la luz que arde con los dos
en una misma fogata.

Antonio Preciado es el actual Ministro de Cultura del Ecuador
http://www.presidencia.gov.ec/modulos.asp?id=203

1 comentario:

Renattus dijo...

¡¡¡Qué maravilla!!! y qué sorpresa encontrarme aquí con estos versos!! Recuerdo hace muchiiiiiiiisiiiiiiimos años haber visto a Preciado en el Teatro Universitario recitando sus poemas y encantando a todos los que lo escuchábamos.