miércoles, 9 de abril de 2008

carmen silva: acto de homenaje

la idea del homenaje muy clara y definida: muchos actores para una sóla espectadora, la Carmen.

Una cámara registraba todo cuando suecedía en el teatro del SIDARTE (Sindicato de Actores de Chile), una cámara que, en el momento, representaba a la Carmen pero que una vez terminado y editado se convertiría en la ventanita por la que ella iba a ser la espectadora.

Y empezó el acto con el maestro de ceremonia pidiendo que NO se apaguen los celulares, sino que al contrario se los encienda para que en la oscuridad las lucecitas lleven el ritmo de "Les Toreadores" de la Opera Carmen.
Luego, en una pantalla se proyectaron, con un fondo musical, imágenes de sus cuadros intervenidas con tomas de ella riendo, hablando. canto, baile, actuación y palabras cargadas de cariño, de recuerdos, impresiones y sensaciones que recorrieron su vida de pintora, de artista, de mujer consecuente y política.

Los actores-amigos, provenientes de esos distintos "mundos", se hicieron presentes con sus palabras. Del mundo del arte, del político, del barrio y la junta de vecinos, su familia, todos hablándole a ella, diciéndole cuanto la queremos, cuanto necesitamos de esa energía desbordante y de su alegría.

Niños y viejos. Gente que militó con ella durante la UP, gente que la conoció durante el exilio en el Ecuador, aquellos con los que emprende tareas en el día a día en el barrio. Todos diciéndole lo importante que es que salga adelante, que supere a la enfermedad, que vuelva porque hace falta

Fue un acto alegre y con momentos simpáticos, como cuando alguien se olvidaba de presentar al que seguía y entonces venía la órden "corten!" y se grababa nuevamente la escena.

Fue hermoso el homenaje de anoche. Hermoso por la fuerza, la energía y sobretodo el cariño que se le entregó a la Carmen...a la Carmen Silva.


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Carta a la Carmen

Mi querida Carmen, en estos días difíciles para ti son muchas las cosas en las que he pensado y recordado pero hay una que me ronda especialmente, que tiene que ver con tu corazón grande y es por eso que te pregunto ¿cuántos hijos e hijas has tenido? Y no por que lo sepas, sino todo lo contrario. No hablo de los tuyos propios, sino de todos los que has llamado hijo o hija y que te hemos asumido como madre. Aun me ronda la idea sobre si ese ser mamá de eternos brazos abiertos tiene que ver con la pérdida de la tuya cuando eras una niña.

¿Te acuerdas hace unos días, les contabas a mis hijas que nos conocimos cuando yo tenía casi la edad de la pequeña y tú casi la misma que tengo ahora?

Vivías con la Carmencita de entonces, la Carmen de ahora, en la Carvajal, a pocas cuadras, cinco exactamente, las tenía contadas, tu más hacia La Gasca, yo hacia el norte. Después te fuiste cuesta arriba, a la Obispo Díaz de la Madrid, pomposo nombre, como calle de pintora y lo primero que se veía en la entrada de tu departamento era ese inmenso cuadro de “La exiliada”. Y parece que te gustaban las alturas, porque el taller donde hacías las clases, era más arriba todavía, encaramada en las faldas mismas del Pichincha, curiosamente, al lado de la Policía.

Andabas de tacos por Quito, a pesar de las cuestas, con tu eterno pelo negro y con minifalda. Ellos, los hombres, siempre te miraban y seguían tu andar, era algo normal como lo era cuando alguna cara de seductor se transformaba en asombro y luego admiración al escucharte hablar. Andabas primero con tu hija, luego con la Natalia y más tarde con el “gordo” que ahora se llama Jorge.

Siempre has sabido combinar armónicamente el arte con la política. La primera vez que te vi fue en algún acto de solidaridad con Chile. Ahí supe que habías llegado unos tres o cuatro años antes, en el 73. Que hacías clases en la Escuela de Teatro de la Universidad Central. Pasaron por tus clases Jaime Zapata, Marcelo Vásconez, Marcelo Aguirre…tantos, que aprendieron-aprendimos de ti lo más básico, que si no se sabe dibujar no se puede pintar.

Tu primer barrio La Floresta. A tu casa llegaban muchos. Tu, la mamá que recibía, que acogía, que guiaba y enseñaba. La mamá de la Carmencita, la mamá de todos. La pintora, la lectora, la que escribe, la artista, la actriz de la Opera de los Tres Centavos, la política, la mujer presente y solidaria no sólo con tu país en dictadura, sino con Nicaragua, El Salvador, Guatemala…ahí estabas, sigues estando.

Pero ese tiempo pasado de las palabras es presente, porque si bien ya no recibes a los que llegan en tu casa, sigues acogiendo a esos exiliados de la vida que deambulan por tu barrio. Y se te pierden y les buscas. Y les dibujas y les pintas. Y sabes cada nombre, cada historia igual que en Quito, como en el Valle del Chota, en medio de la aridez salpicada de casas donde enseñabas y donde tanto te siguen queriendo.

Por eso te escriben los amigos. Raúl Pérez Torres que te dice “Tienes que saber que aquí en el Ecuador dejaste una huella imborrable entre los artistas y escritores de nuestra Patria. Esa huella yo la tengo marcada en mi corazón y por eso te envío mi energía y mi amor para que todo salga como una vida revolucionaria se merece. Un beso en nombre de la Sociedad Ecuatoriana de Escritores y de todos los pintores a los que enseñaste magia.”

O Rocío Peralbo que agrega “Tan chilena, tan ecuatoriana y tan latinoamericana a la vez. Tan solidaria y mamá gallina. Siempre te recordamos con tu sonrisa amplia, estruendosa, tu mini negra y tus botas negras, corriendo para todo lado y ¡así te queremos, vital como siempre! …Te mandamos todo el amor del mundo, desde el Chota, Esmeraldas, Quito y tantas comunidades que recorriste con tu arte y con tu compromiso revolucionario.”

También Martha Escobar, la abogada que reflexiona “me hace pensar lo frágiles que somos todos y que no estamos exentos de cosas duras… Si estuviese allá … me uniría al festival cultural y la iría a ver”

Y Acacia Pacheco, que está aquí con nosotros ha querido decirte que el “Ecuador tiene el orgullo de haberse nutrido con tu presencia, con tu arte, con tu grandeza y tu entrega cuyos frutos hoy se plasman en manos de compatriotas que recogieron tu enseñanza y que en este momento de tu delicada salud sumamos con ellos fuerzas, energías positivas y todo nuestro amor para acompañarte!”

Es que estás en tantos corazones, en tantas voces, en los trazos de tantos está tu marca, la rigurosidad en tus actos y en el dibujo; en la tierra de siena natural y el azul de Prusia, en las tres partes iguales de aceite de linaza, agua ras y barniz; en el gesso, en la veladura.

Estás en la alegría y esa inmensa alegría está en ti con y a pesar de las penas, del dolor, de la preocupación por todos, por el mundo, por la vida. En los rostros de ojos grandes y bocas carnosas, mujeres de pelo largo, cuerpos heridos, expresiones dolientes, personajes de tu barrio, de la ciudad, de la vida, de esta vida que es tan viva en ti aunque ahora te esté aporreando, de esta vida que se aferra a ti y que no decae, llena de ánimo para el resto que es lo que te anima, de palabras para otros que son las que te alientan, de ganas de seguir dibujando, coloreando, caminando…

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