sábado, 11 de diciembre de 2010

recuerdo de piazzolla

por ahí encontré una nota de El Universal de México sobre Piazzolla realizada el 2002. Simplemente la transcribo, pero también me atrevo a intercalar un par de videos que ilustran lo que se dice y a enlazar partes del texto con otros que tienen que ver (que disculpen nomás los de El Universal):

Astor Piazzolla vaticinó su gloria


Miércoles 03 de julio de 2002
Daniel Riera | El Universal


Sabía que era un genio y que su obra pasaría a la posteridad. El Sexteto fue su última aventura

UENOS AIRES, Argentina.? Buenos Aires, Argentina.- Carlos Gardel necesitaba un bandoneonista para un concierto en Nueva York, pero no era sencillo conseguir un bandoneonista como la gente en Nueva York. Muy a su pesar, no tuvo más remedio que conformarse con un chico argentino que tocaba bastante mal: Astor Piazzolla. Gardel y Piazzolla se habían conocido en Manhattan, cuando Gardel ya era una superestrella que filmaba películas para la Paramount, y Piazzolla era apenas un chico al que su padre le había regalado un bandoneón.

Piazzolla -más bien, Piazzollitaacompañó a Gardel en algunas presentaciones, aunque el Zorzal decía que tocaba "como un gallego". A los 13 años, en el filme El día que me quieras (1935), Astor hizo un pequeño papel de vendedor de diarios o "canillita". Gardel murió ese mismo año y se perdió de ver el momento en que su joven amigo aprendió a tocar en serio.

En 1939, a los 17 años -de regreso en la Argentina, y después de haber pasado por un par de orquestas mediocres-, Astor Piazzolla ingresó como bandoneonista -más tarde, también arreglista- de la típica de Aníbal Troilo. Allí empezó su verda- dera historia como músico. Junto a Pichuco se sintió a gusto y pudo expresar sus ideas musicales. Y si es cierto que Piazzolla fue mucho, muchísimo más que el mejor alumno de Troilo, también es cierto que su evolución posterior es impensable sin ese punto de partida preciso y perfecto.

El violinista Hugo Baralis estuvo en el momento justo en el lugar indicado. Baralis -quien murió el año pasado- lo contó muchas veces, una de ellas a este periodista.

"Astor era fanático de la orquesta de Troilo. Venía siempre a escucharnos al café Germinal, y solía quedarse después de los conciertos para charlar con nosotros. Una vez cayó en cama, con gripe, el bandoneonista Toto Rodríguez. Teníamos que tocar ese fin de semana y necesitábamos alguien que lo reemplazara. El Gordo me preguntó:

"-¿A quién podemos traer?

" -¿Por qué no probamos a ese pibe que viene siempre a escuchar a la Orquesta?- le dije.

"Bajaron un bandoneón y se lo pusieron en la falda. Entonces tocó "Rapsodia en Blue", de Gershwin. El Gordo no entendía mucho de eso pero vio que tenía técnica, que tocaba, que se desempeñaba bien con su instrumento. Dijo en voz alta: 'Me gusta, toca bien' y le dijo a Astor:

" - Vas a tener que aprenderte la parte del segundo bandoneón.

Astor le contestó:

"-Ya me la sé de memoria.

" -¿Cómo que te la sabés de memoria?

" -Sí, si los veo siempre. De escucharlos acá me aprendí todas las partes".

" -Subí, dale. Vamos a ver...

"Piazzolla subió al palco de la orquesta y tocó de oído el repertorio de Troilo y los suyos como si hubiese estado desde siempre con ellos.

Cuando terminó de tocar, Troilo, asombrado, dijo:

" -La pucha... Bueno, tenés que hacerte un traje parecido al de la orquesta, un azul marino, más o menos...

" -Yo tengo uno parecido.

" -Bueno, veníte mañana".

Cuando Toto Rodríguez se curó de su gripe, la orquesta de Aníbal Troilo pasó a tener cuatro bandoneonistas en lugar de tres. Ese pibe rengo y genial comenzó a combinar su práctica tanguera con sus estudios con el maestro Alberto Ginastera. La orquesta se convirtió en el vehículo para probar cada cosa que aprendía.



Además de conseguirle trabajo a Piazzolla, Baralis le consiguió novia.

"Yo le presenté a Dedé Wolff -reveló.

Astor quería casarse pero no sabía con quién. Después no supo conservarla: cuando tomó un poco de nombre quiso hacerse el galán, el conquistador de mujeres. Y ahí se equivocó".

Odette María Wolff (Dedé) fue la primera esposa de Astor Piazzolla y es la madre de sus hijos Diana y Daniel. Astor y Dedé estuvieron juntos casi un cuarto de siglo, hasta que se separaron en 1966. Dedé tiene hoy 78 años, sigue viviendo en el último departamento que compartió con Astor y dice que desde el día en que Piazzolla "se fue con la música a otra parte" hasta su muerte, conservó la ilusión de que algún día volverían a estar juntos.

"Astor fue el único amor de mi vida. Desde que me dejó, nunca más volví a enamorarme", confiesa, y los ojos le brillan como si se hubiera separado el mes pasado y no hace 26 años.

-¿Cómo se conocieron?

-Mis dos hermanas se habían con fabulado con Hugo Baralis en presentarle a Astor una chica, y esa chica era yo. Y así fue: el 21 de septiembre de 1940 fuimos a la casa de Hugo y ahì estaba Astor. El 19 de octubre cumplía años uno de mis hermanas y mi mamá invitó a los Baralis a la reunión. Astor dijo: "¿Puedo ir yo, que estoy solito?" Averiguó dónde estudiaba pintura: me fue a buscar.

Un día, a las 11 de la mañana, me encuentro a un tipo de traje azul a rayas blancas que me dice: "Por venir a buscarla a usted no dormí hoy". Fuimos caminando hasta mi casa. Él quería viajar en taxi, pero yo no. En esa época una chica no iba en taxi con un desconocido. Nos casamos el 29 de octubre de 1942 por civil y el 31, por Iglesia.

En 1944, cuando su hija Diana tenía dos años, cuando Dedé estaba embarazada de Daniel, Astor dejó la orquesta de Troilo.

El cantor Francisco Fiorentino, que se había convertido en una estrella junto a Troilo, quería formar su propia orquesta y lanzarse como solista. Los primeros músicos que convocó Fiore para su aventura fueron compañeros de los días de Pichuco. Pensó en el pianista Orlando Goñi como director. Goñillamó a Baralis y a Piazzolla, que se sumaron entusiasmados al proyecto.



Goñi era un notable pianista, pero sus problemas con el alcohol le impedían asumir una responsabilidad semejante.

Poco antes de empezar, Fiorentino despidió a Goñi y les preguntó a Baralis y a Piazzolla si se animaban a formar la orquesta. Con displicencia, como si le estuviera haciendo un favor, Piazzolla le dijo:

"-Está bien, quedate tranquilo.

Y no te preocupes -agregó-: la dirijo yo..."

La Típica Fiorentino duró solo un año, a pesar de su extraordinario nivel, a pesar de las increíbles versiones de "Viejo ciego", "María" o "Fruta amarga". Fiore no pudo lograr como solista el mismo éxito popular que había tenido como cantor de la orquesta de Troilo y en 1946 disolvió la orquesta. Piazzolla, entonces, formó su propia agrupación, bajo su entera responsabilidad, sin tener que recibir órdenes de nadie.

Apenas tenía 24 años.

La Orquesta Típica de Astor Piazzolla, más conocida como "La Orquesta del '46", debutó en junio de 1946, el mismo mes en que el coronel Juan Domingo Perón asumía la presidencia de Argentina. Ya veremos que la efemérides política tiene su significado en esta historia.


(En este video habla Piazzolla en una entrevista y se escucha a su Orquesta Típica)

Sigamos, por ahora, hablando de música.

Durante sus tres años de existencia, la orquesta del 46 tuvo varios cantores: Aldo Campoamor, Héctor Insúa, Raúl Fontán Luna, Félix Almagro y Oscar Ferrari. Pero la clave de la orquesta era la fila de bandoneones. Uno de los bandoneonistas de la Orquesta, Roberto Di Filippo, adquirió, con el tiempo, dimensiones míticas, por su virtuosismo y por su precoz retiro. Piazzolla lo admiraba.

Di Filippo tenía un gran talento para el tango: sin embargo, lo absorbieron otras inquietudes musicales.

Así fue como, ante la desazón de los tangueros de su época, dejó la orquesta y se dedicó a tocar el oboe. El reemplazante de Di Filippo fue un jovencísimo Leopoldo Federico, que aceptó entrar en la orquesta después de haber rechazado dos veces el honor. "En un principio me achiqué - reconoce-. Ellos tenían una chorrera de notas, de variaciones, ciento y pico de temas kilométricos.

Yo creí que jamás podría aprenderlos.

Cuando se fue el bandoneonista Vicente Topi, me ofrecieron reemplazarlo. No dije que no, pero inventé una excusa para zafar. Cuando se fue Luongo, otro de los bandoneonistas, dije que sí. Me llevé sus partes a casa para estudiar, y me pareció tan complicado que volví a inventar una excusa. Cuando se fue Di Filippo, Astor me dijo 'Ahora no me podés dejar plantado de nuevo', y terminé reemplazando al músico que tocaba la parte más difícil".

El pianista de la orquesta del 46 era un pibe de 22 años: hoy es uno de los compositores más importantes de la escena tanguera. Para Atilio Stampone, "la orquesta del 46 era muy de avanzada en relación con las típicas bailables. No era la orquesta ideal para los bailarines. En esa época, todas las orquestas eran bailables -incluso la de Astor-, pero los arreglos de Astor eran más elaborados".

Como Troilo, pero con una vuelta de tuerca más. Eso era la Orquesta del 46, que tuvo su base de operaciones en el café Marzotto, en la calle Corrientes; que tuvo, también, más prestigio que público.

"La orquesta fue muy moderna para la época. Por eso tenía poco trabajo -confesó Astor, en sus memorias, al periodista Natalio Gorín-.

Que no me llamaran de los clubes para hacer bailes era entendible. Yo metía contrapunto, fugas, formas armónicas distintas.

Los que me seguían preferían tomar un café y escuchar, bailar era secundario. Lo comprobé en el Tango Bar, en el Marzotto, que eran lugares para escuchar. Pero, como tampoco tenía ofertas de las radios, me di cuenta que me estaba quedando solo".

Una tarde de 1949 sonó el teléfono en la casa de los Piazzolla.

Atendió Dedé. Del otro lado de la línea estaba Fanny Navarro, una actriz de cine que era a su vez la amante de Juan Duarte, el hermano de Evita. Astor no se interesaba mucho por la política, pero él y Dedé eran profundamente antiperonistas.

La familia de Piazzolla reprodujo la brecha político-generacional que se vivía en muchos hogares de aquella Argentina que mutaba a toda velocidad. Los padres de Astor -Vicente y Asunta, trabajadores inmigrantes- concibieron al peronismo como una brisa de justicia social; Astor y Dedé -jóvenes artistas con aspiraciones de clase media-- lo veían, en cambio, como una dictadura que los asfixiaba. Todos tenían razón, pero en ese momento los argentinos no podían tomar distancia de los hechos: o estaban de un lado, o estaban del otro. En ese contexto apareció Fanny Navarro y se creyó con derecho a dar órdenes.

"-Dígale al señor Piazzolla que tiene que actuar en el Luna Park, en septiembre, en un festival que...

" -Un momentito, por favor...--alcanzó a interrumpir el monólogo la esposa de Astor. En voz baja, tapando el tubo con la mano, le comentó a su esposo el motivo de la llamada. Con un gesto, Piazzolla le indicó a Dedé que le pasara el auricular.

" -Señora Navarro, cómo está...

Mire, no voy a poder complacerla.

Lamentablemente se disolvió la orquesta, así que no voy a poder tocar en ese festival.

Y ahí nomás decidió disolver la orquesta. A los pocos días organizó una cena para despedirse de sus músicos: durante la cena, un amigo lo hizo cam- biar de idea. Piazzolla, entonces, se arrepintió de su drástica decisión y no disolvió nada la orquesta. Sin embargo, un par de semanas después se extravió lo único que no se podía extraviar: la valija con las partituras. Al cabo de algunos conciertos "de oído" poco felices, basados en la vana esperanza de que la memoria supliera al pentagrama, la Orquesta del 46 se terminó para siempre. Quien quiera saber cómo sonaba, puede escuchar alguna de las reediciones en Cd, como Se armó, El desbande o De mi bandoneón. Ahí está el primer Piazzolla: el que demuestra un prodigioso dominio de la tradición que luego subvertiría, el rebelde al que empieza a dejar de preocuparle que bailen o no con su música. El genio que empieza a escribir su propio camino y que pugna por ser escuchado en una sociedad conservadora.

Segunda de dos partes

Buenos Aires, Argentina.- Le dolía el pecho, fue al médico y supo que lo que le dolía, en realidad, era el corazón. Lo operaron, le hicieron un cuádruple by pass y ese hombre con el corazón maltrecho se supo frágil, temió a la muerte y escribió entonces la música más sombría de toda su vida. Ese hombre, Astor Piazzolla, formó el Sexteto en 1989, y el destino quiso que ese fuera el último de sus grupos y que durara tan solo ocho meses, y el destino quiso que esa música oscura de un hombre que le peleaba a la muerte, esa música magnífica de la que él abjuró, esa música que se arrepintió de haber escrito y de haber tocado, fuera uno de sus legados más poderosos. Para comprobarlo, ahí están sus discos.

Después del by pass, Piazzolla no sabía si podría seguir tocando como siempre, con la misma intensidad, con la misma entrega. Por eso armó una formación con dos bandoneonistas, para poder apoyarse en su compañero si las fuerzas o los dedos no le daban. Le dieron.

"He escuchado muchas críticas injustas al Sexteto. Decían que era demasiado oscuro, demasiado no sé qué. Era oscuro, claro, pero era oscuro lo que le estaba pasando a Astor. Creo que no se dan cuenta de que era la música de sus by pass", define con sabiduría el bandoneonista Daniel Binelli.

El Sexteto estaba formado por dos bandoneones, guitarra, piano, contrabajo y cello: su repertorio estaba compuesto en parte por nuevos arreglos de temas del Quinteto, en parte por extensos temas nuevos. La ausencia de violín le daba a los temas un color más grave en relación con el Quinteto, la anterior, la más popular y la más duradera de las formaciones de Piazzolla, la que había vestido su música entre 1960 y 1971 y entre 1979 y 1988.

Entre los músicos convocados por Piazzolla había tres viejos compañeros: el guitarrista Horacio Malvicino, el contrabajista Héctor Console y el cellista José Bragato. Como segundo bandoneón estaba el joven Julio Pane -que al poco tiempo dejó el grupo y fue reemplazado por Binelli-, y como pianista estaba Gerardo Gandini, una gran figura procedente de la música contempo- ránea para quien la convocatoria fue una absoluta sorpresa.

"Le pregunté por qué había pensado en mí y me dijo que primero, porque sabía que yo tocaba bien el piano, pero después porque había leído un reportaje que me habían hecho donde yo decía que me gustaba la música popular. Le dije que sí, porque yo siempre lo admiré y porque además para mí el desafío tenía el atractivo de lo nuevo. Ensayamos durante varios meses y luego comenzamos una gira que con sus interrupciones duró casi un año.

"Hicimos casi 100 conciertos por todo el mundo, y para mí fue una experiencia fascinante. De entrada, comencé tocando las partes escritas.

Astor tenía absolutamente escritos todos sus solos de piano. De a poco le fui metiendo algunas cosas, a él le empezó a gustar, y llegó un momento en que los solos de piano se los improvisaba todos, inclusive le agregaba muchas cosas a las partes de piano de los arreglos".

El Sexteto duró exactamente ocho meses: ocho intensos meses desde los primeros ensayos, en marzo de 1989, hasta el último concierto en octubre. En junio, el presidente electo Carlos Menem -sordo en materia musical, fanático de la atroz orquesta de Héctor Varela- fue a ver el concierto del grupo en el teatro Opera de Buenos Aires y le declaró a Piazzolla su admiración, mientras compartían una copa de champagne en los camarines. Ese mismo mes el Sexteto inició una gira por Europa: en el teatro Royal Carré de Amsterdam compartió un show con la orquesta del maestro Osvaldo Pugliese.

Horas antes del concierto, en un reportaje para la televisión holandesa, Astor opinó que Pugliese era "El Count Basie del tango". Rápido de reflejos, el periodista le preguntó: "Si él es Count Basie, ¿usted es Miles Davis?" A Piazzolla le gustó el piropo.

"Puedo ser Miles Davis, pero soy blanco", respondió.

Esa suerte de "reunión cumbre" del tango, que nunca antes se había producido, tuvo un final accidentado.

Tal como estaba previsto en el programa, para el final del espectáculo la orquesta de Pugliese tocó "La Yumba", su obra más popular, acompañada por Piazzolla y Binelli.

Luego Gerardo Gandini (1) tenía la misión de tocar un pasaje que enlazara a "La Yumba" con "Adiós Nonino", y finalmente la orquesta y el Sexteto tocaban juntos "Adiós..."



Pues bien: el "pasaje de transición" de Gerardo Gandini desconcertó a los músicos de Pugliese, y al propio don Osvaldo, que creyeron que el pianista se estaba burlando de ellos.

"A Astor le dio risa el episodio -narra Gandini-: a mí me parece que esa transición está bien lograda. Lamentablemente no la entendieron esa noche, pero no está hecha con tono de broma ni mucho menos".

Piazzolla no se sintió del todo a gusto con Binelli. "Era demasiado puglieseano, demasiado estructurado para el gusto de Astor", confió un ex integrante del Sexteto que prefirió permanecer en el anonimato.

En sus memorias, que ordenó el periodista Natalio Gorín, Astor fue clarísimo.

"Daniel Binelli no asimilaba mi manera de tocar. Yo quería que dos bandoneones sonaran como uno fuerte. Pero éramos dos tocando. Y cada uno con su temperamento. Binelli es todavía más agresivo. Yo estaba buscando una dupla como aquella que había hecho con Leopoldo Federico en el Octeto Buenos Aires, pero no se dio". El Sexteto fue un error de Piazzolla. Me lo marcó Dios como diciendo: basta, acá se acabó, hacé otra cosa".

Luego de una gira por Europa, llegó una gira por Brasil. Al cabo de la gira por Brasil, el Sexteto sufrió dos bajas fundamentales.

"Mi madre estaba muy enferma, muy grave, y le dije a Astor que no quería hacer la gira", recuerda Console. "Tuvimos un intercambio de palabras, porque Astor me dijo que la gira se nos venía encima y que no lo podía dejar en ese momento. Al final, con mucho dolor, viajé igual, y a los diez días murió mi madre. Entonces dejé de trabajar con él".

También dejó el Sexteto José Bragato. Después de Brasil, se les venía encima un nuevo compromiso por Europa. Bragato quiso, esta vez, viajar con su esposa. Aunque el cellista se hacía cargo de los pasajes, Piazzolla no lo autorizó. Entonces Bragato se fue.

Ante la urgencia, Astor llamó al cellista Carlos Nozzi y al contrabajista Angel Ridolfi. Con ellos cumplió sus últimos compromisos. Para Piazzolla, había un abismo entre los músicos que se habían ido y quienes debieron reemplazarlos. La última formación del Sexteto intentó grabar un disco de estudio en la ciudad alemana de Colonia, pero después de cuatro temas y agrias discusiones, Piazzolla abandonó el proyecto para siempre. Esos cuatro temas fueron editados tiempo después bajo el título 57 minutos con la realidad y quedaron como el único testimonio del Sexteto en un estudio de grabación.

La compañía discográfica redondeó el disco con algunos temas grabados en vivo en la ciudad inglesa de Bristol.

El final fue triste. Piazzolla viajó a Paris y el resto de los músicos quedaron esperándolo en la pequeña ciudad de Chiaso, en la frontera entre Italia y Suiza. Después hubo tres conciertos en Suiza y antes del cuarto, en Ginebra, Piazzolla llamó a Malvicino y a Gandini. El guitarrista recuerda ese momento como uno de los más dolorosos de su vida. Con intermitencias, habían tocado juntos desde 1955, pero esta vez, Malvicino sintió que los caminos de ambos se bifurcaban para siempre. No se equivocaba.

"Nos dijo que había decidido disolver el grupo, que estaba cansado, que el Sexteto ya no lo divertía y que cuando algo no lo divertía, tenía que terminarlo. Le pregunté qué iba a hacer, me dijo que iba a volver a tocar como solista, con orquestas sinfónicas. Me pareció una locura y, con la confianza que me daban los años de relación entre nosotros, le dije: 'Mirá Astor, largar a un grupo como éste paa tocar con una orquesta sinfónica es lo mismo que largar a una mina maravillosa para coger con una muñeca inflable'. Nos pidió a Gandini y a mí que no dijéramos nada, y en el que fue nuestro último concierto, en Ginebra, anunció la separación sobre el escenario".

En ese último concierto, durante el solo de "Mumuki", Gandini insertó una cita alusiva. Cuando terminó todo, Piazzolla le preguntó:

" -Gandini, justo hoy, ¿Qué me tocaste?

"-Astor, es la sonata "Los Adioses" de Beethoven.

" -Ah, tenés razón... Entonces está bien.

"Al día siguiente -continúa Malvicino- nos fuimos en tren a Paris. Él se quedaba en un appart hotel donde vivía, y nosotros nos íbamos al aeropuerto, porque esa misma noche volvíamos a Buenos Aires. Fue un final de película, con mucho dolor. Él iba sentado en el primer asiento del micro. Cuando llegamos al hotel, se bajó, agarró el fueye, dijo chao y se fue".

Viajó a Los Angeles y grabó con el cuarteto Kronos Five Tango Sensations, el que sería su último disco de estudio. Luego, tal cual tenía previsto, descansó durante el verano y durante 1990 se dedicó a tocar acompañado por diferentes orquestas. El 3 de julio ofreció su último concierto, en la ciudad griega de Atenas.



Lo acompañó la Orquesta de los colores, dirigida por Manos Hadjidakis.

El concierto fue editado en CD con el nombre Bandoneón Sinfónico. La analogía de Malvicino entre las "minas maravillosas" (por el Sexteto) y las "muñecas inflables" (por las orquestas sinfónicas) es perfecta.

Existen cuatro discos en vivo del Sexteto: Tres minutos con la realidad, The Lausanne Concert, Luna y Astor Piazzolla Live At The BBC: cualquiera de ellos es infinitamente superior a Bandoneón Sinfónico, donde la energía piazzolleana parece ahogada por la parafernalia de la orquesta. Quien ame la música de Piazzolla, sin embargo, deberá contar con Bandoneón Sinfónico en su colección, aunque más no fuera porque es el último soplo de música de un genio.

El 5 de agosto de 1990, en París, Astor Piazzolla tuvo un ataque cerebral del que jamás se recuperó del todo. Murió el 4 de julio de 1992 en Buenos Aires. Han pasado diez años desde entonces y cada vez son más los artistas que graban la obra de Astor, en loables esfuerzos que parecen de antemano condenados al fracaso, porque Piazzolla parece haberse llevado la llave del misterio de su música, porque su música, sin él, no es lo mismo, aunque la interpreten Gary Burton, Gidon Kremer, Yo-Yo Ma, Chick Corea o Daniel Barenboim.

Han pasado diez años de la muerte de Piazzolla y, para no extrañarlo, ahí están sus discos. El Sexteto fue su última, apasionada aventura. Con un ego que intimidaba a quienes lo conocían, Astor Piazzolla tenía la convicción de que era un genio y de que su obra iba a pasar a la posteridad.

Tal vez no fuera muy simpático, muy políticamente correcto que pronosticara su propia gloria, pero -a diferencia de tanto ególatra que carece de motivos reales para jactarse- Astor Piazzolla tenía razón. En efecto, fue uno de los compositores fundamentales del siglo XX, En efecto, su música goza de excelente salud. Para comprobarlo, ahí están sus discos.

(1) Herejías 27-07-2007 - 10:58

ENTREVISTA A GERARDO GANDINI / “Tocar con Piazzolla era como estar en el escenario con Charlie Parker”