viernes, 21 de marzo de 2008

recuerdos de fanesca

La fanesca es un rito obligado, una tradición viva, presente. Su elaboración exige trabajo, revolver la olla es pesado, porque no se hace poco.

En casa de PapaPepe se hacía en la paila más grande, de unos 70 cm. de diámetro, la que se usaba para hacer los dulces y que se ponía en un fogón en el patio, se revolvía con una cuchara de palo de unos 70 cm. de largo. Venían invitados, la familia y para ese día llegaban conocidos de la casa desde Machachi y de Cotocollao para ayudar. Eso sucedía el jueves santo y todo empezaba muy temprano.

Tengo la imagen de estar sentada bajo una de las dos palmas grandes esas de ramas colgantes que casi llegaban al suelo y entre las cuales crecían helechos; me gustaba la que estaba junto al gallinero, daba justo frente al fuego y podía observar ese acelerado ir y venir entre la cocina, la azotea y el patio, mientras sostenía un pequeño evangelio que sentía que debía leer, pero sólo recuerdo que leía los primeros versículos de alguno de los evangelistas repitiéndolos a cada rato porque la distracción no me permitía seguir. Esa escena la repetí durante varios años y recuerdo sentirme culpable de no alcanzar a leer, porque pronto me llamaban para ayudar a hacer las masitas y las empanadas y eso no dudaba, no había nada más entretenido que hacer bolitas y lagrimas de masa, junto a unas empanaditas de 3 con repulgado.

Mi madre siempre dijo que la de la abuelita no era la receta exacta, porque le ponía tomate; ella no le pone tomate, tampoco mellocos y el bacalao lo remoja en leche, no en agua como la mayoría y lo incorpora al fnal, dejando la posibilidad de obviarlo si a algún comensal no le gusta. La mía no lleva mellocos, felizmente en Chile no existen, tampoco chochos, aunque hace algunos años conseguía con una señora que traía del sur los lupinos, que son prácticamente iguales, sólo que un poco más grandes. Los cocía y desaguaba igual que los originales. Y claro...está el problema del bacalao.