lunes, 10 de diciembre de 2007

recuerdos

A veces pasa que se esconden recuerdos hermosos por razones lejanas a ellos.

Durante muchos, muchisimos años, escondí la emoción que sentía, cuando a poco de haber empezado Sociología y cuando el activismo me guiñaba un ojo, le comenté con mucha ilusión al que luego sería alguien importante en mi vida y para siempre en la de mis hijas, lo que había significado el viaje a Washington a donde la Lele, por vacaciones, pero sobretodo el haber recorrido con mucho afán la National Gallery of Art y en Nueva York el Metropolitan y el MoMA, sobretodo este último. Me miró irónicamente y me dijo que esa era una actitud burguesa para alguien que se preciara de revolucionario...tenía 18 y era tan ingenua, los recuerdos los bloquée, los borré por no se cuantos años. Lo mismo casi hice con mi gusto por la música clásica, acogiendome al mismo argumento, pero no duró demasiado felizmente y seguí escuchándola y aprendiendo. Creo que sin música no habría podido seguir, la música fue el aliento que me daba energía durante años.

Esta tarde escuchaba en la RNE Clásica unos Madrigales de Paul Hindemith que me transportaron a la Ópera de la Bastilla de París, donde fui espectadora de "Cardillac", su ópera de 1926, (no he podido con la tentación y la estoy escuchando). Recuerdo lo emocionada que estaba ese octubre del 2005 por ser doble espectadora, de esa ópera y de la belleza estética del lugar. Fue casi de casualidad porque la idea era asistir a la "La Boheme" y por algún feliz cruce de información las reservaciones no coincidían con el día. Reconozco que no me importó, al contrario, me alegré ante las expectativas de poder presenciar una obra de Hindemith.

Una cosa de esos días era cruzar frente a la Opera Garnier que se veía hermosa de acuerdo al maquillaje que imprimía sobre su cúpula el sol o la luz de turno y al regresar a la calle Marsollier esperaba con ansias el momento de verla; pero el estar sentada en ese otro lugar, las emociones eran diferentes y diría que hasta más intensas, sumadas a la expectativa de una opera que no me la imaginaba en vivo y qué sin duda me atrapó.

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Los momentos bellos hay que atraparlos en el corazón, así como la retina atrapa los incendios de sol mirados desde la altura por largo rato y con alguien que los disfruta igual, así como se atrapan los sabores, sonidos y sensaciones nuevas. Esos momentos que un día salen de lo cotidiano y están relacionados con una experiencia sensible y a la vez estética en casi todo sentido son pequeños tesoros que hay que guardar, porque son algo parecido a pequeños sueños y como pasa con siempre con los sueños, una vez que se despierta, no se repiten.



y en un sueño he sabido de Amancio Prada y entre muchas preciosas canciones, he conocido esta, "Libre te quiero"