lunes, 24 de septiembre de 2007

marcel marceau

película muda de Mel Brooks, 1976



el retrato



debe haber sido 1998 estábamos en el hotel Sheraton y había una cumbre de presidentes; a esa hora ellos se íban a una cena y no se podía salir del hotel sino hasta que se fueran las comitivas, lo que tomaba más de una hora. Nos sentamos, con Leonardo Carrión, en uno de esos sofás dobles que comparten respaldo en el lobby del hotel a esperar.

Durante un buen rato escuchaba a alguien que hablaba en francés atrás mio. Un par de día antes había visto una entrevista a Marcel Marceau y me llamó mucho la atención su pelo rubio entrecano ensortijado y ahora, la persona que hablaba tenía la misma melena exactamente junto a mi cabeza. Le comenté a Leonardo que ese parecía ser Marceau y el me dijo "salúdale" casi en broma. Entonces se cruzaron mis ojos con el interlocutor del mimo, quien al parecer adivinó mis dudas y asintió sonriente con la cabeza, como diciéndome "es él".

Me levanté dispuesta a saludarle y nos cruzamos cuando Marceau caminaba hacia el exterior. La persona que lo acompañaba sin que yo le preguntara nada, se levantó y me dijo que ya regresaba porque en un rato mas tenía función y antes de actuar meditaba. Dijo que le hablara en castellano sin problema a su regreso.

Cuando volvió me presentó a Marcel Marceau y él me saludó con un beso en cada mejilla mostrándome un lugar más privado. Nos sentamos en unas sillas y le pidió a su acompañante que se sentara al frente y tradujera porque el quería hablar en francés y que yo lo hiciera en castellano.

Sin preguntas ni intruducciones me contó que se iba al teatro para su primera función y que recién había hecho su rutina de meditación previa. Me preguntó mi nombre, que hacía y de donde era; también me contó que para él el actuar era algo vital y que le gustaba viajar lejos y que estaba ilusionado con esta nueva presentación acá.

Yo casi no tenía palabras y lo miraba emocionada, tratando de retener sus expresiones, su figura, el movimiento de sus manos y sus ojos casi transparentes. Me impresionó la suavidad de sus gestos, lo liviano que parecía. Luego se levantó porque ya se iba al teatro y me agradeció por la conversación, cuando era yo la que realmente tenía que agradecerle por haberme dedicado esos minutos. Nuevamente dos besos y una sonrisa mirandome fijamente a los ojos y se alejó hacia los ascensores.

Entonces le ví a Leonardo, que había regresado y que me miraba sorprendido conversando con el gran mimo.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Roger:
TE FELICITO POR LA PACIENCIA, LA DEDICACIÓN Y EL CONOCIMIENTO DE LOS TEMAS, SINCERAMENTE UN ABRAZO. R.

Clarice Baricco dijo...

Ayyyyyyyy se me enchinó la piel. Qué maravillosa experiencia y recuerdo.
Deveras que fue una fortuna.

Yo fui a su último espectáculo que dio acá y pude tener un autógrafo, que está colgado en casa.
También está en mi blog la reseñita.

Pues amiga, brindemos por èl.

Besos.

G

nestor huitron dijo...

HOLA , YO AL IGUAL QUE USTEDES ME TOCO LA FORTUNA DE TENER UNA BREVISIMA CHARLA CON EL Y UNA DE LAS COSAS QUE ME SORPRENDIÓ DE EL ES QUE ENTENDÍA MUY BIEN EL ESPAÑOL , PARA SERLES SINCERO LA VERDAD ES QUE EN SU MOMENTO NO TENIA NI LA MAS MÍNIMA IDEA DE QUIEN ERA ESTE GRAN PERSONAJE, FUI UNO DE LOS VENDEDORES AUTORIZADOS POR SU REPRESENTANTE PARA LOS SOUVENIRS DE SU ULTIMA GIRA EN MÉXICO, Y AL TERMINO DE LA FUNCIÓN DE PUEBLA SALIO PARA VER LAS PLAYERAS QUE TENÍAMOS Y AHÍ ES DONDE ME DIO SU AUTÓGRAFO CON UNA BREVE EXPLICACIÓN DE SU FLOR, Y AHÍ DIJE WUAUUU GRACIAS.