viernes, 2 de noviembre de 2007

de finados

hoy no hice colada morada ni guaguas de pan por el "día de los muertos". Hoy estuve sola, como muchas veces y no han inventado ni la colada ni el pan de finados "para uno"; es verdad que tengo un sobre de colada-casi-instantanea que no es "para uno" pero la mano no debe estar enyesada para amasar. Hoy se unió al feriado chileno de ayer, como ya es costumbre, el feriado de difuntos.

A pesar del tiempo y de las distancias, inevitablemente el 2 de noviembre tiene ese olorcito a colada morada, pero sobretodo a levadura. Todavía amanece con tonos de masa de colores y sabe a pan recién horneado mojado en ese espeso, dulce y caliente jugo morado con gusto a piña, mortiño y mora. También tiene recuerdos de infancia adornados por pequeñas ollas y recipientes de barro traidas de Ambato. Debe haber sido una o talvez dos las ocasiones en que nos los trajeron de regalo, pero fueron suficientes para saber que el día de difuntos tenian también color amarillo-verdoso vidriado.

Nunca fui a un cementerio el día de los muertos. En realidad, no recuerdo con precisión si alguna vez fui a un cementerio quiteño. No conozco el lugar donde están mis abuelos. Ellos están en tantas cosas que seguramente por eso no he tenido que ir a verlos al cementerio y aunque no estuve allá y con ellos cuando se fueron, siempre ellos han estado conmigo.

En las comunidades indígenas es una tradición, para honrar a los muertos, ir al cementerio con recipientes de comida y de bebida para comopartir con ellos.

Julio Pazos, historiador y poeta ecuatoriano cuenta sobre la colada morada:

1 comentario:

Juan Vera dijo...

Me vine a tu blog en correspondencia y también yo me quedé pegado de emociones.

Gracias,