sábado, 24 de noviembre de 2007

música

"Me concedía, cada noche, unos minutos de música para mi solo. Es cierto que el
placer solitario es un placer esteril, pero ningún placer es estéril cuando nos
reconcilia con la vida. La música me transporta a un mundo en donde el dolor
sigue existiendo, pero se ensancha, se serena, se hace a la vez más quieto y más
profundo, como un torrente que se transforma en lago (...) Siempre me ha
parecido que la música debería ser silencio, el misterio de un gran silencio que
busca su expresión ... Creo que la música debería ser el desbordamiento de un
gran silencio"

Las palabras citadas quiero completarlas, en la contradicción, con estas "the first sound must begin breaking the silence" -el primer sonido debe empezar rompiendo el silencio- dicho por Daniel Baremboim a un alumno, en un programa en el que enseña a jovenes músicos sobre como interpretar las sonatas de Beethoven y que me hicieron pensar una vez más sobre el significado de la música (esta última frase la copié haciéndola parte de un dibujo que está a medio hacer).

La música es silencio, es cierto, forma parte o es una extensión de el, lo llena, lo rompe y en ese juego nos transporta a mundos inimaginables, produce sensaciones inexplicables, emociones, alegrías y también tristezas, nos acompaña en esos estados de ánimo y nos lleva a lugares lejanos y dosconocidos.

Pensaba en eso esta tarde en que me he pasado oyendo flamenco, por hoy sólo a Enrique Morente. Siempre me ha gustado el flamenco y lo he atribuido a que ha estado presente de toda la vida, en Quito en sus fiestas o en la casa de PapaPepe o porque al tio Pepe le gustaba, que se yo! pero de ahí a que me guste tanto y lo sienta con tanta intensidad... siemplemente es mágico. No sé si alguna vez conozca los lugares donde nace y se hace, no importa lo busco y escucho todo lo que pueda porque simplemente lo que siento es muchísima alegría y emoción.

Las palabras iniciales son "Alexis o el Tratado del Inutil Combate" de Marguerte Yourcenar que hacía tiempo que andaba por ahí y gracias a que, en un blog que me gusta visitar porque no sólo está muy bien escrito sino que lo está con sentimiento, su dueño citó el otro día el principio de este libro y entonces lo saqué de un estante porque recordé que a mi me gustaba más el final y lo dejé en el velador hasta que hoy nuevamente lo casi releí.

Me llamó la atención que tiene muchos párrafos marcados, felizmente no subrayados, como cuando estaba en los primeros años sociología en que cada libro debía pasar por ese procedimiento (sólo se salvaban García Lorca, Alberti, Benedetti, Cardenal y Neruda), pero el resto y sobretodo si eran libros de economía política o teoría marxista (materialismo histórico) los marcaba o subrayaba con mucha dedicación, para releer y releer, seguramente creyendo que así iba a ser más consecuente y clara. Qué cosa! ahora pienso que pude haber leido tantas muchas otras cosas más en ese tiempo... pero así nomás era, había que formar el pensamiento para ser claros en la acción.

Eran tantos libros. Mi papá siempre dijo que un libro se lee, se cuida y se guarda como un tesoro y eso hice hasta que, no sé si cuando dejamos la casa mis muchachitas y yo para vivir más cerca en un departamento o cuando mismo, seleccioné libros y muchos de esos libros teóricos quedaron en cajas que a su vez por mucho tiempo estuvieron dando vueltas en la cajuela del auto en un absurdo y permanente acto de rebeldía frente a las ideologías, las teorías, los intelectuales, si, los intelectuales (chilenos específicamente y que es tema largo para un post que ni sé si me interesa hacer).

El épílogo de esos libros fue en un momento en que aquel, el de la historia de amor de casi cuatro años que parecía casi eterna y que felizmente no fue, hizo su debut en las lides de, sin aviso ni explicacion, desaparecer de mi vida (reapareció como a los ocho meses) generandome además de pena, confusión. Para salir de eso decidí preparar un viaje "de negocios" a Quito y compre ropa en varios sitios, entre ellos en unas fábricas de Patronato. Debía cubrir el viaje, el costo de la ropa que llevaba para vender, pero sobretodo la deuda por los no pagos y daños que me dejaron los arrendatarios de la casa.

Entonces, una de esas tardes cargada con unos paquetes grandes abrí la cajuela y me encontré con las cajas, si pensé tres minutos fue mucho. No se me ocurrió nada mejor que sacarlas y decirle al cuidador de autos "son suyas, vea que hace con ellas" y el me miró con cara de sorpresa sin atreverse a tocar nada. Al instante se acercó un vendedor callejero, abrió una y con una sonrisa inmensa llamó a otros vendedores y empezó a repartirl los libros. Era algo increible, todos los hojeaban, se mostraban los libros, comentaban, reían y me agradecían emocionados. Nunca había visto algo tan insólito y lindo!...reconozco que un par de veces me he reprochado por lo que hice, pero que se va a hacer, ya fue...

Sobre el "viaje de negocios" logré recuperar el pasaje, lo invertido y pagar la deuda, pero lo más importante es que aprendí que no sirvo mucho para comerciante de ropa, el mérito fue de mis hermanas que si que son una maravilla de vendedoras, yo sólo serví para las relaciones públicas.