la llegada a Quito fue en miércoles; el viernes partíamos a las cinco y quince de la tarde desde la sede de Biciacción en la Jipijapa hacia el sur para encontrarnos con más gente en la Plaza Foch. En Quito hay dos organizaciones que trabajan el tema de la bicicleta en la ciudad: Biciacción y Ciclópolis. Empezaron como una sola y lamentablemente ahora trabajan por su cuenta. Hace un tiempo que sigo las actividades que Biciacción realiza dentro de Quito y los paseos fuera de la ciudad y, lo reconozco, con lejanas ganas de participar; es por es que en cuanto llego me integro a una.
Los automovilistas son la primera desilusión. En los cruces peatonales ellos tienen preferencia por imposición. Me llama la atención, seguramente, por la costumbre de cruzar las calles en Santiago con relativa confianza mientras los choferes de automóviles e incluso del Transantiago se detienen hasta que pasen los peatones, como acá se lanzan incluso con cierta agresividad.
La segunda sorpresa es encontrarse en la Plaza Foch, desde donde partiremos a las seis y treinta por la ciclovía de la Amazonas, a Claire y Cristian. Claire hacía un taller de mecánica básica de bicletas, en el Festival de Bicicultura del 2007 en el Parque Forestal de Santiago, cuando la conocí. Juntos iban a iniciar en esos días el regreso a Quito en bicicleta, tenían presupuestados seis meses para cruzar la Argentina, Bolivia y el Perú. Ahora me cuentan que les tomó siete meses y medio y sus ojos muestran felicidad al contar la hazaña.
Llegamos a la Plaza del Teatro donde hay un músico que aglutina a la gente. Una ligera demora mientras se repara una bicicleta del grupo integrado por 25 personas.
Subimos hacia San Francisco, la última parada y en una de las esquinas de la plaza descansamos por unos minutos y contemplamos las iglesias iluminadas en una noche despejada. Nos preparamos para la subida.
Nos dirigimos al Parque-Museo del Agua o Yaku, que en quichua significa agua que está en la cima del barrio "El Placer" situado en las faldas de El Pichincha y cuyo nombre, según se dice, es porque era un lugar para actos de purificación y ceremoniales de los Incas.
Allí se ubicaron inicialmente los tanques que abastecían de agua a Quito desde comienzos del siglo XX y hasta ahora parte del sistema abastece de agua a un sector del centro histórico y del sur de Quito.
La visión de Quito iluminado es única. Me detengo a tomar fotos y me apuran porque "es peligroso"...ante tanta belleza cuesta asimilar el peligro. Me pregunto si realmente es así ¿dónde está?. Nuevamente, la inseguridad como tema.
Llegamos a los tanques de El Placer, es decir a Yaku, el Museo del Agua donde nos esperan para recorrerlo, en algún tramo está la posibilidad de conversar entre todos sobre el calentamiento global, la contaminación y obviamente cuanto contribuye el uso de la bicicleta y el que muchos más tomen consciencia de sus ventajas.
Ahora sí, contentos inciamos la bajada de ese tramo de ciudad casi vertical como colgada del cielo; a momentos dan ganas de soltar los frenos y dejarse llevar por el vértigo de la velocidad, el viento en la cara y esa sensación única de libertad que se siente arriba de una bicicleta, sin embargo hay que ir al ritmo de los demás, somos una unidad y compartimos algo especial, además de la conversación.
Llegamos a la Basílica y descansamos por unos minutos antes de seguir con el cruce del Quito nocturno y salpicado de lugares en los que la música ocupa la calle a la par de los que festejan el San Viernes.
Cuando llegamos a la Jipijapa, cerca de las once de la noche, la sonrisa, que ha tenido esta tarde un lugar privilegiado, es sólo la máscara de un estado de alegría intenso.
El cansancio es bienvenido.
Museo del Agua y el Parque de los Tres Elementos
Un tributo al agua que se consume en Quito (HOY, 2005)

































